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El mundo del niño
Buenos Aires, Jueves, 21 octubre a las 11:52:12

La neurociencia es la ciencia que estudia el sistema nervioso central desde su formación y su desarrollo en el individuo y analiza las funciones nerviosas de comportamientos, emociones y pensamientos. “El cerebro tiene su propio corazón que es el que la neurociencia ha descubierto. Está en un sector que se llama sistema límbico, un sector donde el bebé guarda todo el amor que recibe”, sostiene el Dr. Jorge César Martínez, médico pediatra-neonatólogo, de Halitus Instituto Médico.



Los estudios prenatales lograron probar que el bebé a partir del tercer mes de gestación comienza a escribir su historia emocional ya que su conciencia registra toda la experiencia intraútero y todo eso experimentado durante los meses en la panza tendrá influencia en la vida futura de ese bebé por venir y se expresará en actitudes y reacciones emocionales. “Sabemos en la actualidad que el bebé que no ha nacido aún tiene una vida muy activa. Que es un ser humano atento, con capacidad de reaccionar, que es capaz de ver, oír, gustar, experimentar, y en un nivel primitivo, aprender, pero por sobre todas las cosas es capaz de sentir. Los investigadores de la vida prenatal destacan que lo que un niño sienta o perciba ya antes de nacer comenzará a modelarlo e influirá en sus actitudes y expectativas de sí mismo. Triste o feliz, agresivo o calmo, seguro o ansioso, dependerá en parte, de los mensajes que haya recibido de sí mismo en el útero. La fuente fundamental de estos mensajes modeladores es su propia madre”, explica Martínez. Los estados maternos de alegría, de dicha, de embelesamiento, pueden contribuir positivamente al desarrollo emocional de un niño saludable. Sólo estados de persistente, crónica y profunda ansiedad pueden dejar cicatrices en la personalidad del bebé que no ha nacido aún.

“La comunicación con el bebé se inicia claramente desde el útero. Esta es la comunicación que trasciende. Esta es la manera como crece la comunicación con nuestros hijos, ésa que será la base de la mutua comprensión y entendimiento, pilares fundamentales del desarrollo, no sólo de ellos en cuanto nuevos individuos, sino también de nosotros como padres”, sostiene Martínez en su libro. Hasta cumplir un año el niño se comunicará mediante sonidos diferentes que reflejarán toda una gama de sensaciones desde el enojo hasta el placer. Incluso intentará mediante distintos gritos o de un balbuceo dar respuestas a los estímulos que recibe.

“Cuando yo me formé en Pediatría me enseñaron de enfermedades, antibióticos, tecnología, y la gente de eso es un poquito así”, señala juntando los dedos índices el Dr. Martínez, “el resto es vida: es sociología, es psicología, es antropología”.

A partir de esta visión de la importancia de la vida del pequeño ser por venir es que el Dr. Martínez plantea que hay algunas claves que los padres deberían tener en cuenta para entender el mundo de su bebé. A partir del tercer mes de gestación cada órgano del bebé que crece en el útero ya tiene la maduración suficiente para seguir funcionando toda su vida. El único que no está listo es el poderoso sistema nervioso central que es justamente aquel que se va a moldear de acuerdo a las experiencias que tenga en su vida ese bebé. La primera experiencia emocional de la gente es de tremenda importancia porque es la primera experiencia en la vida. Ese cerebro formado tiene nada más y nada menos que 200 millones de neuronas y tiene mil trillones de comunicaciones entre las neuronas. Y el rol que desempeña esa mamá que lo mima, le canta, le habla y lo acaricia es fundamental para el desarrollo del sistema límbico, aquel que se ocupa de las emociones de ese niño, eso que el Dr. Martínez llama el “corazón del cerebro”.

“A la tercera semana, cuando el bebé no es mayor en tamaño que un grano de trigo, un hecho trascendente tiene lugar: por primera vez en la vida del bebé un corazón late. Al principio late solo por su cuenta, luego un día, el sistema nervioso toma su control y lo acelera o lo frena, de acuerdo con las necesidades generales de su cuerpo. Asimismo se desarrolla el órgano más extraño del universo: el cerebro”, escribe Martínez en su libro “El increíble universo del recién nacido”.

¿Cómo se produce este desarrollo emocional?

El bebé recibe en el útero una gran cantidad de estímulos que su capacidad sensorial en desarrollo procesará. La transmisión de las informaciones desencadena la maduración del nervio, y el cerebro se “especializa” a medida que se va conformando. Y con el tiempo, cuando el bebé crece los estímulos que recibe van siendo analizados de diferente manera.
Todo lo que ocurra durante la gestación es de vital importancia para el nuevo ser, y ejercerá una enorme influencia para el resto de su vida.

En una primera etapa, el bebé simplemente va a tener una sensación. Una sensación es una estimulación de cualquier órgano o de los sentidos pero el bebé aún desconoce su significado. “En una segunda etapa, el bebé tiene una percepción de esa sensación. Una percepción es una interpretación de la sensación. Esto es: veo una cara y pienso esa cara es buena, esa cara me sonríe”, explica Martínez. En una tercera etapa el bebé le agrega a esa sensación y percepción, una emoción. Además de ver esa cara y percibir que sonríe ahora además el bebé tiene una emoción: le gusta. “Tengo una sensación y yo bebé interpreto, que esa sensación es buena, es mala, no sé quién es esta persona pero me gusta y empiezo a sentir emoción. Emoción es un estado del organismo en respuesta a una sensación de percepción”, sostiene Martínez. A partir del sexto mes, la madurez del sistema nervioso del bebé le permitiría transformar los mensajes maternos en emociones.

“Para transformar un sentimiento o una sensación en una emoción se requiere todo un proceso que involucra y requiere la posibilidad de realizar cálculos a nivel de la corteza cerebral, una capacidad que, de acuerdo con las investigaciones de vida prenatal, el bebé intraútero comenzaría a adquirir a partir de ese momento. Así como su capacidad para diferenciar y distinguir progresa, su propio desarrollo emocional progresa y se hace más sofisticado”, escribe Martínez en su libro.
Y la última etapa de este proceso: la del sentimiento. “Primero veía la cara y nada más, después a la cara se agregó la percepción y ahora veo la cara y se agregó la emoción. Y un poquito más adelante llego al sentimiento. Un sentimiento para un bebé es una predisposición a sentir una determinada emoción. Me empiezo a sentir predispuesto a sentir una emoción de amor o una emoción de odio”, dice Martínez.

Los estímulos recibidos y esta evolución llevan a la conformación del sistema límbico, aquel que se forma a partir del desarrollo emocional. Es por ello que la participación de las madres en estos momentos de la vida es fundamental para el futuro desarrollo emocional del bebé y primordial en la vida de ese niño. Todas las caricias, las canciones, los mimos, las sonrisas, las miradas de esa madre serán los pilares de ese desarrollo emocional.

¿Cómo entender el mundo del bebé?

Si bien no hay claves generales que puedan aplicarse para entender el mundo del recién nacido, cada madre conociendo profundamente a su bebé logrará comprenderlo. Una de las claves más importantes para ello es “sintonizarse” con las verdaderas necesidades de ese bebé. Síntonía en estos términos significa que la madre pueda interpretar un llanto y saber cuándo el bebé llora porque tiene hambre o cuándo porque tiene sueño y para esto es fundamental la observación del bebé y la comunicación con él. Otra de las claves para comprender su mundo es estar atentos a que el chico exprese sentimientos. “Los bebés no expresan sentimientos como los adultos pero pueden hacerlo y la mejor manera de alentarlos es expresando uno mismo sentimientos”, explica Martínez, “Los padres muchas veces decimos no le voy a contar esto, no le voy a decir aquello, no le contamos las cosas ni buenas ni malas, no se lo contamos con pasión como para demostrarle que expresar sentimientos es algo importante.”

Si el bebé expresa sentimientos ya existe una clave para saber cómo se está desarrollando emocionalmente. Si siente que recibe amor, aprenderá a expresar amor, si en cambio, lo dejan solo y no lo atienden cuando llora, sus primeras experiencias estarán rodeadas de temor e inseguridad. Los primeros días de su vida el bebé comienza a experimentar algunas emociones que serán básicas para su desarrollo. Pero es muy importante para que un chico exprese sentimientos darle elementos: el vocabulario juega un rol fundamental. ¿Cómo expresar sentimientos si no tengo palabras suficientes? Un vocabulario amplio y variado ayudará a ese chico a expresarse más.

Otro punto a tener en cuenta en este desarrollo emocional del bebé es la relación que entabla con sus pares. “Aquello que sus pares dicen de él, si lo invitan o no lo invitan, si están con él o no nos dará otra pauta de su desarrollo”, sostiene Martínez.
Y no debe perderse de vista la importancia que tiene la calificación que los padres hacen del chico porque cada palabra que ese padre expresa de su hijo juega un papel importante en la formación de la personalidad y en la autoestima de ese chico, porque justamente es con esa calificación y con esas consideraciones que el chico enfrenta a la vida.
“Y yo creo que en la medida en que uno va desarrollando esos diálogos va llegando a otras edades posteriores en que uno los entiende más a los chicos y ellos a nosotros porque hemos tenido diálogos permanentes de cosas profundas. Sino cuando llega, la adolescencia no hace más que prolongar el problema, si yo llego a la adolescencia sin ningún diálogo profundo entonces voy a tener muchas más dificultades con el adolescente”, declara Martínez.

“Todos los que rodeamos a las madres debemos tener en cuenta”, sostiene Martínez con énfasis, “que tenemos que ayudar a las madres porque ellas son las que construyen el futuro. Yo creo que el gran futuro de la humanidad está en manos de las madres. Hay que ayudarlas a comprender, apoyar y desarrollar el corazón del cerebro humano, darle elementos a las madres para que sepan que cuando se levantan cansadas a las 3 de la mañana lo que están haciendo es ayudar al desarrollo emocional de su hijo, que sepan que cuando lo levantan para que deje de llorar no lo están malcriando, sino que el cerebro humano del bebé lo que está haciendo en ese momento es separar a la mamá de su persona: me di cuenta que acá terminé yo, me di cuenta que somos dos personas. Lo que le faltaba hacer a mi cerebro es detectar que aunque yo no la vea mi mamá está pero eso es un pensamiento abstracto que va a llegar un poco más adelante”.

En su libro Martínez explica: “Su madre, en principio, no es una persona diferente de él, es él mismo en el exterior. Todos los signos de frialdad, de rechazo, son vividos por el bebé con angustia, como una desunión. La madre, a través de sus mensajes, caricias, sonrisas, miradas, palabras dulces, da a su bebé un sentimiento de seguridad y por medio de estas estimulaciones constructivas, el bebé desarrolla poco a poco el sentimiento de existir. Sus experiencias transforman su cerebro, al mismo tiempo que los progresos que obtenga lo harán acceder a otras experiencias que le permitirán poner en orden el confuso universo que lo rodea. ”

“Yo les digo a las madres que piensen que en ese momento el chico hizo un gran avance mental, está creciendo enormemente su mente. Es importante entender el tremendo valor de cada gesto, de cada actitud, de cada palabra. Las que pueden crear gente con corazón en su cerebro son las madres. Por eso hay que ayudarlas, hay que crear un sistema de acompañamiento, hay que crear sistemas para apoyarlas”, concluye Martínez quien, para hacerlo, dicta una serie de charlas que se llaman Una invitación a la vida.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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