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Jugar es vivir
Buenos Aires, Viernes, 25 marzo a las 11:02:44

Si consideramos que jugar es la manera que tienen los bebés y niños de conocer el mundo, entonces, jugar es vivir, es una experiencia creadora constante, es crecer.
Los primeros juegos son con la mamá, con su cuerpo, con sus manos, con la voz, piel a piel pero las maneras de jugar van cambiando a medida que los chicos se van desarrollando, en lo físico, en lo psíquico y en lo social.


La mejor estimulación que una mamá puede ofrecerle a su hijo es su presencia, el contacto piel con piel, alzarlo, hablarle, tocarlo, acariciarlo, cantarle. Todo esto estimula sus sentidos, ayuda a desarrollar sus emociones, su inteligencia y a comprender el mundo. Pero además, les permite sentirse seguros, contenidos y protegidos y los bebés necesitan sentir que hay alguien que los cuida y ama para poder vivir.

“La psicomotricidad es una disciplina que tiene como objeto de estudio el cuerpo como aquel de la expresión o de la relación, el cuerpo en los aprendizajes. El cuerpo de la psicomotricidad es un cuerpo que se aprende, un cuerpo que se construye y el aprendizaje de este cuerpo se realiza en relación con los otros, que en el caso de los niños, son fundamentalmente los padres. Cuando digo que el cuerpo se construye, digo que se aprende a moverse, a tener una voz propia, hay una postura, una forma de caminar, de mirar”
, sostiene el Profesor Daniels Calmels, psicomotricista.

“La voz es una manifestación corporal. Mirar es un a producción corporal. Ver es una producción del cuerpo orgánico pero mirar no es ver, es una producción de la vida subjetiva. Mirar implica comunicación, un saber, una puesta en juego, es decir, la intersubjetividad. Cuando digo que la mirada se construye, digo que también el rostro se construye. Un rostro es una representación del otro. Entonces, el concepto de rostro es otro, el concepto de mirada es otro, el concepto de voz es otro, el concepto de cuerpo es otro, esto quiere decir, que, si no hubiera rostro, si no hubiera voz, si no hubiera mirada, si no hubiera sabor, si no hubiera contacto, si no hubiera actitud corporal, no habría cuerpo. Lo que podría haber es un organismo pero no cuerpo, porque el cuerpo es en sus manifestaciones. Así el cuerpo juega un rol hegemónico en el aprendizaje y es fundamental que siga estando”, explica el Profesor Calmels, Jefe del área de Psicomotricidad del servicio de Psicopatología Infantil del Hospital de Clínicas.

En el primer año de vida el bebé necesita juguetes que lo ayuden a despertar sus sentidos, que llamen su atención. Chupar objetos, manipularlos, esconderlos, golpearlos, arrojarlos, escucharlos, aquellos que le permiten sacar y poner, los juegos de encastre, le permiten descubrir las distintas maneras de desplegar todas sus potencialidades y posibilidades afectivas e intelectuales.

¿Con qué juegan los niños?

“Todo juego o juguete no reemplaza a la relación con la mamá sino que la complementa y puede servir para aprender algo nuevo, para descubrir algo diferente. Ayuda a explorar espontáneamente, instintivamente y luego con el tiempo con intención, repitiendo con placer lo que les gusta e interesa”, explica Alejandra Libenson, Licenciada en Psicopedagogía de Halitus Instituto Médico.

Los niños quieren aprender y jugar con aquello que les genera curiosidad, con lo que despierta su interés y cada bebé o niño se toma sus tiempos y elige sus propios juegos y juguetes. Y su pensamiento que estos primeros años de vida es acción, lo lleva a investigar.

Cuando el bebé nace su comportamiento es, sobre todo, exploración y conocimiento de las características de los objetos, sus formas, colores, texturas; más tarde se dará cuenta de las semejanzas y diferencias con lo que aprenderá a clasificarlos. Es por ello que los móviles, las cajas de música, los juguetes de colores y todos aquellos que estimulen sus sentidos son los más adecuados para los primeros tres meses de vida.

A partir del cuarto mes y hasta el séptimo, los instrumentos que emitan sonidos o las pelotas blandas que al moverlas produzcan ruidos logran despertar el interés del bebé. Desde el octavo mes y hasta el año de vida, el bebé busca juguetes para apilar, encastrar, aquellos que poseen diferentes formas, colores, tamaños, aquellos con perillas y botones, los bloques y los juguetes que floten para la hora del baño.

“Desde el inicio del primer año, cuando el niño logra movilizarse con cierta independencia elige aquellos juguetes que puede transportar, arrastrar o empujar y todos aquellos objetos que se parezcan a los de uso cotidiano como cocinas, juegos de té, de doctor. También en esta etapa los niños suelen querer disfrazarse. Cuando ya cumplieron los tres años de vida y hasta los cinco años, los niños prefieren escuchar música para cantar y bailar, mirar videos infantiles, jugar con muñecos o trenes y dibujar y pintar. Ya con cinco años, los chicos optan por los juegos de mesa, las cartas o los dados, los juegos de ingenio y las pelotas o raquetas”, nos describe Libenson.

Juegos de crianza: el cuerpo y el juego

“Existe aquello que se llama los juegos de crianza que es una denominación general que utilizo básicamente para hablar del juego corporal. Se pueden contar, por lo menos, tres grandes grupos de actividad lúdica: unos son los juegos de sostén, otros los juegos de ocultamiento y un tercero los juegos de persecución. En los tres tipos de juegos se elaboran, se ponen en funcionamiento los temores básicos. Estos son juegos corporales, en los que no interesan tanto los objetos sino el cuerpo”, explica Calmels.

Uno de los temores básicos es el temor a la caída, no como al tropiezo en el suelo sino a desprenderse del cuerpo protector. Caer implica desgarrarse, perder el agarre con el otro. “Los juegos de sostén son aquellos donde al niño se le producen variaciones en su sostén como sentarlo sobre el empeine del pie, el mecimiento, el alzarlo y bajarlo, sentarlo sobre los muslos, llevarlo a cococho. Todos esos juegos elaboran, de alguna manera, la pérdida, la reducción de la relación de contacto corporal. Por eso muchas veces son los padres quienes toman al niño y lo elevan. Lo importante de estos juegos es que introducen un temor y al mismo tiempo la forma de elaborarlo, que introducen al niño en lo ficcional”, sostiene el Profesor Calmels.

Otra de las elaboraciones que el niño hace es la pérdida de la referencia visual, que también es un temor, aunque ya no primigenio sino aprendido. Los juegos de ocultamiento, desde el más sencillo del baberito y el cuco, también introducen al niño en la ficción porque plantean algo que no es cierto, pero en la pérdida de contacto visual lo importante es que se hace casi en cercanía con el niño, casi en contacto con el niño. El niño sabe donde está el otro y el adulto sabe donde está el niño. Es algo ficcional. “Cuando el chico es más grande, y llega el padre o la madre a la casa, y el niño es el que siempre está presente porque el que se va es el padre; cuando el que se va vuelve, el que está, no está: se esconde. “Carlitos no está”. Ese juego va a dejar preparada una instancia para otro juego colectivo que es la escondida, una forma que tienen de reconocimiento del espacio, de monitoreo y es un trabajo de control de la ansiedad fantástico”, expresa Calmels.

Es importante aprender a observar los progresos del niño, darle los juguetes y variar los juegos de a poco, uno por uno, para que siempre le resulten novedosos.

“En los juegos de persecución, que sería el tercer grupo, aparecen el temor a la pérdida del refugio o del lugar seguro y comienzan cuando el niño está en brazos del adulto y hay un tercero que le dice “Mirá que te agarro”. O sea, que en los juegos de persecución hay un perseguidor, un perseguido y un refugio. Para el que es perseguido el primer refugio es uno mismo y el segundo refugio va a ser un lugar x. Siempre es bueno que el adulto no descrea del refugio porque para poder jugar hay que darle credibilidad a ese refugio, si los adultos invaden el refugio, el niño se queda sin eso”, dice Calmels, autor del libro Juegos de crianza.

Estimular el desarrollo

El primer recurso para ayudar al aprendizaje es proporcionar al niño actividades, experiencias o juegos de estimulación que promuevan e impulsen su desarrollo. Siempre es trascendente que las personas a cargo de la estimulación estén tranquilas y muestren al bebé o al niño su interés, motivación y alegría ya que el chico percibe muy bien las reacciones afectivas y los estados de ánimo de la gente que lo rodea. Es por ello que debe tenerse en cuenta que las personas involucradas en esta estimulación juegan un rol fundamental en el desarrollo del niño. “Uno de los ejemplos que pongo para explicar el concepto de cuerpo es el de los niños que se adoptan tempranamente, y los niños adoptados se parecen mucho a los padres adoptivos. No son hijos de la sangre pero son padres de cuerpo, ¿en qué se parecen? En la forma de caminar, en el timbre de la voz, en la gestualidad, en los sabores que le pueden gustar. En una cantidad de cosas que aprenden… estos niños hacen un esfuerzo extra por parecerse”, explica el Profesor Calmels.

“Es necesario que las actividades se desarrollen en un ambiente que sea tranquilo, sereno y alegre, para ello es fundamental que el ánimo de los adultos involucrados ayude a crear este clima, con cierto espacio, ventilado, libre de corrientes de aire, con luz natural suficiente, arreglado con sencillez y orden, de acuerdo a las necesidades del niño. Antes de comenzar debemos seleccionar los materiales más atractivos: de diversas formas y de colores brillantes, lavables, resistentes, de fácil manejo por las manitos del bebé para que los agarre, los chupe, los tire y más tarde, cuando esté en capacidad de hacerlo, pueda pasárselos de una mano a otra. Es importante que estos objetos no sean peligrosos y que los participantes transmitan tranquilidad”, explica Libenson, autora del libro Criando hijos, creando personas.

Además, hay que tener en cuenta que los progresos en las conductas del niño, las necesidades y el interés que él expresa, serán los marcadores que dirán cómo seleccionar y organizar las actividades de estimulación. Cada niño tiene una forma particular de expresarse, un cuerpo propio y un rostro propio que hay que aprender a mirar, y una voz individual que es necesario escuchar para lograr comprender su mundo y para guiarlo en el descubrimiento del mundo que lo rodea. Es la mejor manera de ayudarlos a crecer. Y a vivir.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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