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Alimentación y crecimiento: la importancia de compartir
Buenos Aires, Jueves, 14 abril a las 09:56:08

Una dieta balanceada es una parte fundamental de la buena salud en todos los momentos de la vida pero lograr que un niño se alimente correctamente puede ser todo un desafío para los padres. Desde el momento mismo del nacimiento la mayor preocupación es que “coma bien”. En los primero tres años se instalan los modelos en relación con la incorporación de los alimentos: si la mamá puede detectar que un bebé no siempre llora por hambre el alimento no va a ser el estandarte de la tranquilidad, el alimento simplemente va a ser el alimento y no va a venir a reemplazar otro tipo de necesidades.


Lo primero a tener en cuenta es que comer es un acto natural y cada uno tiene sus tiempos y sus gustos y que para un niño lo importante es jugar, comer es una circunstancia necesaria para vivir. Pero la comida también puede ser un juego, si uno lo vive desde un punto de vista saludable.

“Hay muchos papás a los que no les gusta que el bebé toque la comida porque se ensucia y, quizás, no comprenden que parte de su curiosidad natural y de su inteligencia es ver qué es eso que le están dando y, naturalmente, lo va a incorporar como una conducta. Pero si los padres no posibilitan ese espacio para que los chicos jueguen con el alimento, en algún momento, lo más probable, es que rechace el alimento”, explica la Licenciada Alejandra Libenson, psicopedagoga de Halitus Instituto Médico.


Cuando es recién nacido, el encuentro entre la mamá y el bebé durante el período de lactancia es único. Para el bebé amamantarse es mucho más que incorporar la leche materna, es el momento de unión con su madre y de mutuo conocimiento. Cuando son muy bebés y están en período de lactancia, los niños sienten el dolor que les produce el vacío del estómago y lloran. La conexión y el vínculo entre la mamá y el bebé hacen que la mamá registre cuáles son los momentos de alimentación. Por ser un momento tan especial para ambos, siempre es mejor si están relajados, tranquilos y solos, en un espacio de comunicación para los dos. Sin embargo, cada caso es particular y deberán encontrar su propio ritmo.


Cuando el bebé crece, la preocupación sobre la alimentación pasa de la leche materna a las papillas pero sigue presente. Es momento de que el niño experimente sabores, colores, olores y vaya eligiendo qué cosas le gustan. Y los padres dudan de cuándo, cuánto y qué darles de comer. Seguramente si tiene hambre va a pedir alimentos, se va a hacer entender.

 

LA SENSACIÓN DE HAMBRE ES FUNDAMENTAL

Si la mamá siempre se anticipa al deseo de comer lo más probable es que ese chico no tenga el registro de cuándo realmente tiene hambre o cuándo hay que comer. Es la autonomía la que le dará el registro de la propia necesidad.
“Uno cree que los niños tienen que comer como comen los adultos, entonces, siempre estamos esperando que ingieran mayor cantidad de alimento de la que están en condiciones de ingerir por la edad. Pero, en realidad, un niño para comer tiene que tener el registro físico del apetito, y la única forma de tenerlo es cuando hay ausencia de alimento en el organismo. Entonces, el cuerpo tiene la posibilidad de generar sensaciones que le avisan que es hora de comer”, explica Libenson.


La referencia importante para saber cuándo un niño se alimenta bien, es el crecimiento, esto es, cómo está la altura en referencia a las tablas argentinas que dicen cuál es la altura normal para una edad determinada y cómo tiene que progresar esa altura. En realidad, un niño no puede cambiar la posición en la curva de crecimiento después de los 3 años de edad y hasta los 10 años. Cuando cambia la posición en la tabla hay que ver si hay variaciones en el peso que estén relacionadas con enfermedades crónicas. “Una enfermedad crónica en un chico puede ser un catarro de vías aéreas a repetición, otitis a repetición o infecciones a repetición. Esto puede retrasar el crecimiento por unos meses y después lo recupera cuando se cura. Un chico normalmente también puede crecer 0 cm en un mes ó más y después recuperarlo, son variaciones normales en la velocidad de crecimiento pero cuando persistentemente se cae de la curva y no recupera, y la velocidad de crecimiento está muy baja durante un año, entonces hay que descartar patologías de otro tipo como síndrome celíaco, hipotiroidismo, insuficiencia renal crónica o, en última instancia, insuficiencia de hormona de crecimiento. Pero en un niño normal, para que la alimentación sea la causa del no crecimiento tiene que estar muy alterada, son casos extremos”, dice la Dra. Titania Pasqualini, especialista en endocrinología infantil.


Cuando la velocidad de crecimiento baja de 5cm por año después de los 3 años y se aleja de la posición normal en la tabla entonces debe estudiarse más en profundidad. Si el crecimiento es bueno y conserva la posición en la curva, el lugar en la tabla, entonces ese chico crece bien y no necesita más nutrientes. Es adecuado lo que come. “Lo importante para medir cronológicamente lo que pasa con un chico es la altura y el crecimiento”, explica la Dra. Pasqualini.

 

SI CRECE BIEN, COME BIEN

Un caso particular es el de los chicos maduradores lentos. Son aquellos niños que son bajitos durante el colegio primario y desarrollan más tarde que sus compañeros pero, por crecer durante más tiempo del normal, terminan con una altura normal. En general estos niños tienen antecedentes de familiares que fueron maduradores lentos. Una característica de ellos es tener una edad ósea atrasada con respecto a la cronológica. Debemos recordar que todos los eventos del crecimiento y desarrollo se relacionan más con la edad ósea que con la edad cronológica. La edad ósea es fácil de determinar mediante la obtención de una radiografía de mano izquierda frente y su comparación con radiografías divididas por edades de un atlas. Por otro lado, se hallan los niños con baja talla baja familiar, es decir, los chicos que son petisos porque sus padres son petisos. Si se descarta patología y el niño crece normalmente, la cantidad de alimento que un niño ingiere debería estar regulada por el hambre y es por ello, que es tan importante respetar la decisión del niño.


“Un chico flaco, en realidad, puede ser un chico sano que en general se mueve mucho y no le interesa para nada lo que es la comida. En estos casos, debe tenerse en cuenta que si el chico crece bien, lo que come alcanza y, entonces, el peso no tiene tanta importancia. Después de determinar que el aporte de comida es adecuado, hay que asegurar también que el aporte de lácteos sea el que necesitan a esta edad porque el calcio es importante para la formación de los huesos”, dice Pasqualini.


“Una equiparación entre amor y alimento es común”, explica Libenson, “A veces, las madres creen que si les dan más alimento son mejores madres. Y no necesariamente un chico gordito es más feliz. La buena alimentación no tiene que ver únicamente con la cantidad de comida sino en cómo se le da esa comida”, expone Libenson.


También debe observarse la relación entre peso y altura y si esta relación sobrepasa el 20% se habla de obesidad y, en este caso, es necesario dar pautas para que el chico no aumente más de peso o, si está muy obeso, para que disminuya. “Una de las pautas más importantes es que coma despacio y chiquito para saber lo que comen y bajar la cantidad de la comida porque tratar de introducir comidas nuevas a veces es difícil en los chicos de corta edad especialmente en la edad del colegio primario”, sostiene la Dra. Pasqualini.


Planificar horarios y rutinas de alimentación puede ser el primer paso para lograr la buena alimentación de los niños porque permiten, justamente, que el niño pueda alimentarse correctamente y brinda la posibilidad a los padres de llevar un control de lo que el niño come. “Uno pierde el control cuando el chico permanentemente está picando, entonces, no tiene noción si todos los nutrientes que debería haber incorporado durante el día los ingirió o no. En cambio, si el chico tiene al menos cuatro comidas pautadas al día, uno al final del día puede darse cuenta si todo lo que su hijo debía comer, lo comió”, sostiene Libenson. Sin embargo, hay niños que comen durante el día y a la hora de comer se sientan y comen sin hacer problema alguno. Ahora, cuando el chico se vuelve caprichoso, rechaza cualquier alimento nuevo, escupe la comida o juega con ella sin comerla, evidentemente no tiene hambre. Ese es el momento de organizar los horarios de las comidas diarias.

 

“ESO NO ME GUSTA”

Otro punto a tener en cuenta es cómo saber qué cosas le gustan a los chicos. Por lo general, si los padres le ofrecen los mismos alimentos que ellos comen lo más probable es que les guste. “Uno no puede ofrecerle infinita variedad de opciones, uno tiene que más o menos conocer qué cosas le gustan y si quiere incorporar algún alimento nuevo hacerlo de a uno a la vez y tratar de dárselo en un momento que esté tranquilo y que uno sepa que como estuvo varias horas sin comer va a tener más predisposición a probarlo”, manifiesta Libenson.


Pero, en realidad, el aprendizaje de los hábitos de alimentación tiene más que ver con cómo los padres les presentan la comida a los chicos, es decir, si se lo toman como algo natural, si lo viven como una situación caótica, si es un momento de angustia o si hay preocupación. Cuando se incorporan los nuevos hábitos, comienzan a aparecer preocupaciones de si come o no, cuánto come y cuánto tarda en hacerlo. Sólo hay que darles tiempo y evitar que se distraigan a la hora de comer. Si bien tiene que ser un momento relajado y placentero, las distracciones generan tensión en la mamá que sólo intenta que el niño coma a cualquier costo. “Si la experiencia de alimentarse, que tendría que ser natural, genera tensión entre los padres o de los padres con el niño o si el chico se siente obligado a comer, esa situación, que debiera ser placentera y un momento de disfrute y de reunión, finalmente se torna un momento de caos. Y la manera del chico de demostrar que eso no le está gustando es, tal vez, rechazando el alimento cuando, en realidad, lo que está rechazando es la situación que está viviendo. Por eso es caso por caso”, dice Libenson.


“Es importante que los padres no presionen el crecimiento del chico para no herir su autoestima y además, es importante que los chicos escuchen la devolución de la consulta médica y se involucren con la respuesta ya que, muchas veces, les da tranquilidad”, sostiene la Dra. Pasqualini.


Si bien el alimento y el amor van muy juntos desde el momento mismo en que ese bebé vino al mundo y el acto de alimentar es un acto de amor, no es la única forma de dar amor. Comer es una situación de disfrute pura, pero vivirlo como una excusa para reunirse, hablar, estar juntos y compartir es la mejor manera de acompañar a los niños en el proceso de alimentarse bien y crecer saludables.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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