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EL SOL SIEMPRE ESTÁ
Buenos Aires, Miércoles, 21 septiembre a las 14:05:25

La exposición a la luz solar es fundamental para conseguir vitamina D, que ayuda en la absorción del calcio que permite conservar la  fortaleza de los huesos, pero exponerse sin protección a los rayos ultravioletas, también llamados UV por su sigla en inglés,  puede causar daños en la piel, los ojos y el sistema inmunológico y hasta puede provocar cáncer.
El primer cambio que padece la piel ante los rayos solares es envejecer. El fotoenvejecimiento es definido como una serie de cambios que sufre la piel como consecuencia de la exposición solar, exagerada o no, y sus principales signos son manchas, arrugas, pérdida de elasticidad, “verrugas” o queratosis, una especie de bulto con escamas en la piel. Existen varias alternativas de tratamiento. Las tópicas que emplean ácido retinoico y otros ácidos (tricloro-acético, glicólico, mandélico, etc), los peelings con láser y la dermoabrasión en sus diferentes formas son algunas de las posibilidades. Pero el riesgo de la exposición solar prolongada es aún mayor.


Los UV
“El exceso de sol, o dicho más apropiadamente la exposición desmedida a radiación ultravioleta (UV), es el principal causante de cáncer de piel no melanoma ya que daña las células de modo permanente y acumulativo desde los primeros años de vida. Los estudios que confirman esto se han realizado observando la piel de las poblaciones de raza blanca que se trasladaron, por razones religiosas o económicas, a países de alto grado de insolación.  Las quemaduras solares, es decir, la aparición de enrojecimiento de la piel luego de la exposición al sol, también son uno de los principales factores de riesgo. Hay grados, como en toda quemadura, y el más severo es cuando la piel se ampolla”, expresa el Dr. Adrián Pierini, Jefe de Servicio de Dermatología del Hospital Garrahan.
La mayoría de las personas recibe el 50 por ciento de la dosis total de rayos UV en los primeros 20 años de vida, por lo tanto, limitar la exposición durante esos primeros años es fundamental para prevenir a futuro la posibilidad de desarrollar cáncer de piel. En nuestro país carecemos de estadísticas pero, según el Ministerio de Salud, cada tres nuevos casos de cáncer, uno es de piel y por eso es el más frecuente.
En la mayor parte de los casos, los rayos ultravioleta reaccionan con una sustancia química de la piel llamada melanina, nuestra primera defensa frente al sol, dado que la melanina es la que absorbe los rayos UV que consiguen causar daños graves en la piel. Las quemaduras solares se producen cuando el perjuicio provocado por los UV supera la protección que la melanina de la piel puede suministrar. Los rayos UV-A penetran profundo en la piel, hasta la segunda capa de la piel (dermis), e indirectamente alteran el ADN aumentando el riesgo de cáncer epidérmico y fotoenvejecimiento. Por ser una fuente de rayos Ultravioletas, la cama solar es tan peligrosa como el sol y provee una exposición adicional a UV en épocas del año en que debiéramos estar más protegidos. “Además de la exposición exagerada al sol y a los rayos UV, más raramente la ingesta crónica de ciertas drogas como arsénico, inmunosupresores o tóxicos puede también generar cáncer de  piel”, dice el dermatólogo.
Cáncer de piel
“El cáncer de piel consiste en tumores de naturaleza maligna, y existen dos tipos principales: el melanoma, aquel que se genera a partir de las células pigmentarias, o melanocitos, y de la epidermis, los epiteliomas. Otros tumores más raros, son los que se desarrollan a partir de otros componentes de la piel (glándulas, células nerviosas, folículo piloso, etcétera). El llamado epitelioma o carcinoma basocelular es considerado el tipo más frecuente de todos los cánceres que puede tener el hombre”, explica el Dr. Pierini.
“El melanoma es por lo general un tumor de color negro, ni marrón oscuro ni claro, que aparece bruscamente. Los epiteliomas tienen aspecto de “grano” rosado o color piel, que no desaparecen sino que tienen tendencia a crecer lentamente y “lastimarse” (ulcerarse). Por lo general, los tumores de piel no pican ni duelen, pero sí sangran, y éste suele ser un signo tardío”, sostiene el Dr. Pierini.
Existen varias alternativas de tratamiento, la más frecuente es la cirugía. Pero existen otros métodos, dependiendo del tipo, tamaño y localización del tumor, como la electrocoagulación, procedimiento por el cual se utiliza una sonda eléctrica caliente para destruir el tejido anormal; criocirugía para lo cual se utilizan bajas temperaturas; o cirugía de Mohs, un procedimiento quirúrgico mediante el cual se elimina la capa de la piel afectada por el cáncer y luego se extrae el tejido de alrededor y se los compara en el microscopio.

Prevención y tratamientos

El autoexamen de la piel, examen por parte del clínico o dermatólogo periódicamente son los chequeos preventivos más necesarios. Esta periodicidad dependerá de los antecedentes de cada individuo, ya que deberá ser más frecuente en quienes han tenido cáncer de piel o de otro tipo, historia familiar de cáncer, piel muy blanca, exposición exagerada a los UV, exposición a drogas o tóxicos favorecedores de cáncer, dado que todo ellos son factores de riesgo a tener en cuenta. “Cualquier grano o pelotita color negro que descubra en la piel debe ser visto por un especialista y ante la duda de que pudiera ser un melanoma hay que extraerlo porque en aquel melanoma detectado precozmente la cirugía es curativa. El epitelioma es un grano que aparece casi siempre en regiones expuestas al sol y la diferencia con una picadura es que ésta en 4 ó 5 días desaparece pero el epitelioma persiste y empeora. Como decía, las lesiones peligrosas son aquellas que parecen “inocentes” pero persisten en el mismo lugar, crecen y se ulceran. En el diagnóstico precoz del melanoma, el más peligroso por la rapidez de su extensión y la falta de tratamiento efectivo cuando se demora, hay una regla que se llama la regla del ABCDE. Contempla los diferentes aspectos de una lesión pigmentada, como Asimetría, Borde, Color, Diámetro y Extensión”, explica el Dr. Pierini.
“La consulta periódica al dermatólogo es primordial y su frecuencia varía según la edad. Un niño que no posee ningún antecedente propio ni familiar, a quien generalmente sólo se le examinan los lunares, debería concurrir al menos una vez cada 4 años. Si en cambio ese niño tuviera algún antecedente, lo recomendable es que se realice la consulta una vez por año. Para los adultos, que ya se han expuesto al sol, si tiene algún antecedente debería consultar una vez por año, si alguna vez se le extirpó un cáncer de piel la consulta debería ser cada 6 meses y si no tuviera nada, una vez por año es buena prevención o el autoexamen periódico marcará el momento”, dice el Dr. Pierini.
Protección y cuidados son las claves de la prevención, por lo tanto, si va a exponerse por su trabajo a gran cantidad de horas al sol, protéjase con ropa adecuada, sombrero y cremas de amplio espectro y evite estar al sol en las horas del mediodía. No olvide que el efecto de los rayos ultravioletas es acumulativo. Y que, si del autoexamen periódico surge alguna duda, la consulta médica es fundamental para cualquier diagnóstico precoz ya que puede resultar determinante en la posibilidad de cura de la enfermedad

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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