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Vivir sin humo
Buenos Aires, Miércoles, 24 mayo a las 15:18:20

Dejar de fumar es muchas veces un desafío permanente en la vida de un fumador y la postergación de ese momento parece ser la otra cara de la misma moneda. Pero lo principal es saber que se puede y el primer paso es tomar la decisión.


El tabaquismo es una enfermedad cuyo centro, el cigarrillo, posee sustancias dañinas para la salud como el alquitrán, que provoca cáncer de pulmón, el monóxido de carbono y la nicotina, que no sólo genera adicción sino que además puede ser el disparador de la aparición de enfermedades cardiovasculares. Y esto sin mencionar aquellos componentes que favorecen la aparición de enfermedades pulmonares como la EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la mayor epidemia mundial y en nuestro país las estadísticas muestran que un 33,5% de la población de entre 16 y 64 años fuma.
La relación entre el fumador y el cigarrillo es particular y es necesario desmitificarla para comenzar el camino. La nicotina genera más adicción que la heroína y esto explica la dificultad de dejar pero además, el fumador se siente incomprendido ya que aquel que nunca fumó no cree que pueda ser tan difícil y aquel que fumaba y dejó, habla desde la omnipotencia de haberlo logrado. Según la OMS el 80% de los fumadores quiere dejar de fumar pero sólo el 5% lo logra sin ayuda, porque el tabaquismo es una enfermedad adictiva y generalmente, la fuerza de voluntad no alcanza ala hora de enfrentar adicciones.
“Dejar de fumar no es fácil, pero se puede. Y vale la pena. En lugar de vivirlo como una pérdida, hay que encarar el desafío sabiendo que se trata de un cambio de vida, que puede ser fuente de autoestima y de un mejoramiento físico y psíquico incuestionable”, sostiene la periodista Carola Sainz, una de las autoras del libro El placer de no fumar…nunca más.

Tabaquismo y fertilidad

La investigación indica que, en todo el mundo, alrededor de un tercio de las mujeres en edad de concebir son fumadoras. “Según la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva, la nicotina y otras sustancias químicas tóxicas presentes en los cigarrillos son dañinas para la fertilidad ya que interfieren con la capacidad del organismo de producir estrógenos, una hormona fundamental para regular la ovulación, y puede hacer que los óvulos de las mujeres sean más vulnerables a las anomalías genéticas. Es por ello que es importante hablar de la relación directa entre el tabaquismo y la disminución de la fertilidad”, sostiene el Dr. Sergio Pasqualini, Director de Halitus Instituto Médico. Los científicos creen que el tabaquismo puede alterar la fertilidad. Se calcula que el tabaquismo hace que las mujeres tengan cerca de 40% menos posibilidades de quedar embarazadas en cada ciclo generando trabas para una gestación porque provoca: 
* Flujo sanguíneo reducido a nivel de los genitales, contribuyendo a sequedad de la vagina y otros problemas sexuales.
* Disminución del número de óvulos debido a la destrucción de óvulos en los ovarios antes de que los óvulos alcancen la madurez.
* Alteraciones de la liberación de las hormonas.
* Disminución de la motilidad de la trompa de Falopio y enfermedad tubárica.
* Disminución de la capacidad de implantación del embrión.
Además, debe tenerse en cuenta que las mujeres que fuman durante el embarazo tienen tres veces más probabilidad de tener bebés con bajo peso al nacer y es mayor su riesgo de sufrir abortos, dar a luz bebés sin vida o con malformaciones fetales y su volumen de leche es menor y de más baja calidad. Sin perder de vista que el tabaquismo aumenta el riesgo de cáncer de cuello uterino. En el caso de los hombres, el tabaquismo puede generar alteraciones en los niveles hormonales que controlan la fertilidad provocando una disminución en la calidad del semen, y una reducción de la cantidad de espermatozoides, su movilidad y variaciones en su morfología. Así, la capacidad de fertilidad está directamente relacionada con la cantidad de cigarrillos consumidos.
Prepararse para dejar de fumar y dejar

“La decisión de dejar de fumar tiene que ser meditada y razonada; lo primero que interviene es el conocimiento: qué tengo, cuál es mi vínculo actual con el cigarrillo, para qué lo usé al principio, para qué me sirve hoy. Paradójicamente, dejar de fumar es más fácil de lo que la mayoría cree y hasta puede ser placentero si se elabora la experiencia y se cuenta con la ayuda adecuada” explica la Dra. Susana Reznik, autora del mismo libro y creadora del Método Aire Libre para dejar de fumar.
La adicción ala nicotina está regulada por el sistema nervioso central y sujeta a lo que los neuroreceptores piden, es por ello que fumar menos o intentar algún tipo de control horario, es absolutamente inútil y desemboca en una reincidencia.
“Lo mío no fue una cuestión de amor-odio sino que fue como independizarse del cigarrillo”, afirma la periodista, Carola Sainz.
Lo primero es establecer una fecha para evitar la sensación de que nunca es un buen momento para dejar. Luego hay que elaborar una red de contención que jugará un rol fundamental en el proceso, no aislarse y pedir ayuda. Es importante también establecer los motivos por los cuales se quiere dejar de fumar: recuperar la salud, mejorar la calidad de vida, sentirse coherente frente a sus hijos, aumentar la autoestima, liberarse.
“El mejor momento para dejar de fumar es ese día fijado con anterioridad, un día común, preferentemente laborable y cercano al fin de semana. Es importante que la familia y los amigos estén al tanto para funcionar como apoyo, buscar ayuda médica, deshacerse de todos los cigarrillos habiéndose despedido con algún tipo de ritual la noche anterior y prepararse para pasar el Día D y el Síndrome de abstinencia que empieza al apagar el último cigarrillo y dura siete días como máximo”, dice la Dra. Reznik.
Durante esos días pueden presentarse algunos síntomas como dolor de cabeza, irritabilidad, trastornos del sueño, cansancio, malestar general, dificultad para concentrarse, sequedad en la boca, mareos y sudoración.
Los cambios se verán con el transcurrir del tiempo, sin embargo ya a los 7 días podrá notarse un mejoramiento del rendimiento corporal, cambia el aspecto del pelo y de la piel, se recuperan rápidamente el gusto y el olfato, se pierde la sensación de cansancio, se eliminan toxinas, se regulariza el sueño, se gana autoestima, se normaliza la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la respiración.
“Dejar de fumar es lo mejor que una persona puede ofrecerse a sí misma porque así la salud, postergada y olvidada, ahora puede y debe ocupar el primer plano. Y para evitar reincidencias conviene tener presente el mecanismo de la adicción y el registro del proceso vivido y además alimentar la sensación de ganancia y logro. Si aparece una crisis, un problema grave o una pérdida importante es fundamental estar atentos y recordar que ningún problema se resuelve fumando”, concluye la psicoterapeuta.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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