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ACUERDOS CON EL CONICET | La ciencia argentina en las empresas
Buenos Aires, Jueves, 20 noviembre a las 14:15:07

Entre el CONICET y Halitus Instituto Médico, se está firmando un convenio de vinculación tecnológica por medio del cual una investigadora del CONICET pasará a conformar un grupo de investigación y desarrollo tecnológico dentro de la empresa. Este emprendimiento del CONICET que comenzó en el año 2003, ya cuenta con diez investigadores que se insertaron en el sector productivo, pero esta es la primera vez que ocurre en el área de salud, un sector de mucho prestigio en nuestro país, del cual han surgido nuestros tres premios Nóbel.



La inversión del sector privado argentino en ciencia es muy baja, y lamentablemente esto influye en la baja producción científica. Los niveles de esta producción en relación a lo que se lleva a cabo en otros países, pueden verse reflejados en indicadores como el número de patentes. En general, el 80% de ellas proviene de la ciencia básica y el 20% restante se reparte entre la investigación aplicada y la tecnológica. Para mejorar esto, se hace necesario que los dirigentes tomen decisiones de políticas desde el estado que faciliten la comunicación entre ambos sectores y así aparezca atractiva para los inversores.
El CONICET y las universidades nacionales forman a los recursos humanos pero la falta de inversión produce un quiebre en el sistema. La mayoría de los subsidios existentes están orientados a la ciencia básica y faltan recursos de transferencia tecnológica y desarrollo. Si la investigación no se acompaña de políticas destinadas a este último, la ciencia se convierte en un mal negocio. 

El problema de la emigración: El triángulo de Sábato

“Como ejemplo podríamos citar la historia de uno de nuestros premios Nóbel: la del Dr. César Milstein, creador de los anticuerpos monoclonales utilizados hoy en día tanto en la industria farmacéutica como en investigación. Milstein se formó profesionalmente en la Argentina y se perfeccionó en Inglaterra. Él perdió la posibilidad de patentar su descubrimiento del que hoy se benefician tantos económicamente. Este es un ejemplo entre tantos otros científicos argentinos que son educados en universidades nacionales y por falta de recursos para continuar sus carreras deben emigrar donde, a partir de la inversión, las políticas de estado y la participación de las empresas, pueden volcar sus conocimientos hacia el desarrollo. Luego nuestro país para de alguna manera “repatriarlos”, debe pagar por el uso de ese conocimiento”, explica la Dra. Gabriela Gutiérrez, miembro del departamento de Investigación y desarrollo de Halitus Instituto Médico.

Este hecho es explicado claramente en el concepto llamado Triángulo de Sábato, un modelo de política científico-tecnológica que fue desarrollado por Jorge Sábato, sobrino de nuestro escritor.  El triángulo esta formado por el Estado, como diseñador y ejecutor de la política, el sector científico-tecnológico, como generador del conocimiento transferible, y el sector productivo como demandante de tecnología. Cada vértice debe relacionarse entre sí sólidamente. “Cuanto más relaciones existan con el exterior, más débiles o inexistentes serán las inter e intrarrelaciones y más demorará el país para disminuir su dependencia tecnológica. Las deficiencias en la interfase ciencia-tecnología y las dificultades existentes para la aparición y el desarrollo de iniciativas empresariales, llevan inevitablemente a la paradoja de que los buenos resultados científicos terminan por beneficiar industrialmente a las empresas de otros países” dice la doctora.
Y continúa: “Conviene recordar que dentro de este sistema la generación de ciencia, la tecnología e innovación son el fin último, pero en las empresas no es así. Por eso es que la relación entre ambos mundos no es simple. Los empresarios están inmersos en la cultura de la sociedad, e innovarán de acuerdo a cuál sea la actitud de dicha sociedad hacia la ciencia, la tecnología y la innovación. En resumen, salvando casos extremos de subdesarrollo, innovan los empresarios cuya cultura y coyuntura les empuja a hacerlo, independientemente del desarrollo del sistema científico y tecnológico formal de su país”.
El caso de Halitus
En este caso, el Dr. Sergio Pasqualini, por su historia personal de contacto permanente con el mundo científico, desde Halitus Instituto Médico, apoya la innovación productiva incorporando un laboratorio de investigación básica y aplicada orientada al desarrollo. Esta creación cuenta con un subsidio del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica destinado a generar la infraestructura y equipamiento, y con el aval del CONICET que mediante este convenio comparte por cuatro años a su investigador formado y a estudiantes de doctorado con sus becas.
“Dentro de este laboratorio se desarrollaran cuatro líneas de investigación ubicadas en la interfase entre la investigación básica desarrollada en modelos reproductivos animales y la investigación preclínica”, dice La Dra. Gutiérrez.
Estarán destinadas a:

  • El estudio del impacto en el endometrio (tejido del útero materno donde se implanta el embrión) de diferentes procedimiento de estimulación ovárica. Esto permitirá personalizar el tratamiento.
  •  El estudio del impacto en el endometrio de diferentes tratamientos utilizados en medicina reproductiva, para poder personalizar mejor el tratamiento adecuado para cada caso.
  • El estudio de los niveles de ciertas células y moléculas presentes en el endometrio de pacientes que sufren fallas repetidas de la implantación luego de tratamientos de fertilidad asistida, con el fin de aportar más conocimiento acerca de la calidad de este tejido en el momento de la implantación.
  • Estudios más básicos acerca del control de la implantación embrionaria.

“Este esfuerzo destinado a la vinculación de los centros de excelencia y de los investigadores con las empresas constituye un factor clave en la transferencia de conocimientos y la valorización académica de la investigación en el área de Medicina Reproductiva, no sólo para beneficio de nuestro país, sino de competitividad internacional”, concluye Gutiérrez.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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