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Epilepsia: tratamiento y controles para una buena calidad de vida
Buenos Aires, Jueves, 30 septiembre a las 11:00:00

Las neuronas son las células nerviosas por excelencia, y por lo tanto, nuestro cerebro está principalmente formado por ellas. La epilepsia es una afección que padece aproximadamente 1 a 2 personas cada 200 en el mundo y afecta a hombres y mujeres por igual. Tiene su origen en una alteración transitoria del funcionamiento de dichas células provocada por una descarga eléctrica anormal que se manifiesta a través de crisis epilépticas. Qué hacer ante una crisis, cómo se diagnostica y cómo vivir con la enfermedad.



La epilepsia es una alteración que tiene una incidencia del 1 y 2% y aunque parezca poco en número, en realidad es una incidencia relativamente alta en relación a otras patologías neurológicas. “El cerebro funciona como una red que sostiene nuestras funciones cognitivas como la memoria, la atención, las funciones ejecutivas, y las habilidades visoespaciales, entre otras. La epilepsia se manifiesta principalmente por crisis. Estas crisis que manifiestan la alteración transitoria en el funcionamiento de las células cerebrales pueden variar en intensidad, duración y características y pueden verse reflejadas –dependiendo de su localización- en alteraciones de alguna de las funciones cognitivas. Si las funciones cognitivas de una persona se ven afectadas, también  su calidad de vida. Pueden estar afectadas las funciones cognitivas no sólo por la crisis o por la causa o proceso que origina la crisis sino también por el tratamiento. Por eso, la evaluación, el seguimiento y el tratamiento deben ser seguidos por un médico especialista”, explica el Dr. Claudio Waisburg, Jefe de Neurología infantil de INECO.
En algunos casos, la alteración puede localizarse en el lóbulo temporal, lugar de almacenamiento y recuperación de la información, afectando la memoria. Si la crisis epiléptica se inicia en el lado izquierdo del cerebro, la persona puede ver afectada su capacidad de lenguaje hablado, no necesariamente perdido pero probablemente encuentre dificultad para hallar las palabras. En caso en que la crisis se desate en el lóbulo frontal, es decir, a la altura de la frente pueden manifestarse alteraciones en la capacidad de planificación de acciones y organización de pensamientos, incluso puede verse afectada su capacidad de interacción por variaciones en la conducta.
Según el Dr. Waisburg, “La manifestación más severa de una crisis es la convulsión pero pueden presentarse manifestaciones más leves como períodos breves de desconexión, percepción distorsionada de sonidos o imágenes inexistentes, pérdida del conocimiento y caída, movimiento involuntario y repetitivo. Cualquiera de estas manifestaciones requiere la rápida consulta al especialista para la evaluación del caso y es a través de esas manifestaciones que se realiza el diagnóstico. Puede acompañarse además, con estudios complementarios para especificar el área afectada o el origen de la alteración como:

  1. Encefalograma: es como una radiografía del cráneo que permite la visualización de la actividad eléctrica cerebral a partir del análisis de ondas cerebrales.
  2. Tomografía computada: es un estudio diagnóstico que utiliza rayos para visualizar cortes o secciones de un lugar del cuerpo.
  3. Resonancia Magnética Nuclear: es una exploración radiológica que permite  tomar imágenes del cuerpo en forma no invasiva a partir de ondas de radio.

“La sintomatología es variada, puede tratarse de crisis generalizadas o crisis que involucren a un solo miembro o incluso sólo percibir el malestar en el miembro pero que no se mueva. También a veces las crisis pueden comenzar en la infancia y el cuadro tiende a desaparecer durante la adolescencia”, dice.
“El tratamiento se basa fundamentalmente en medicación antiepiléptica y requiere de la evaluación periódica del médico para ajustar las dosis correspondientes a cada caso. El seguimiento del tratamiento le permitirá al paciente llevar una vida normal. Nosotros trabajamos para lograr un normal funcionamiento cognitivo en la vida diaria y la recuperación de la calidad de vida. Para ello, llevamos adelante una evaluación cognitiva, una terapia personalizada y un trabajo multidisciplinario, indispensables para lograr un mejor acercamiento y tratamiento de la afección”, concluye el neurólogo.
En el caso de una mujer que padece de crisis epilépticas y busca embarazo es importante que tome medicación que no sea perjudicial para el desarrollo del bebé pero asimismo, es indispensable que haya una planificación del embarazo por dos razones básicas: porque el embarazo puede aumentar la incidencia de las convulsiones y porque la evaluación del tipo de epilepsia y del control que de ella se tiene es fundamental para permitir que tome alguna medicación que permita continuar con el control de la alteración pero que no implique daño para el feto.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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