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Violencia e infidelidad en la pareja: ellas también pueden ser violentas
Buenos Aires, Jueves, 25 noviembre a las 11:00:00

Desde los años ’70 la mujer adquirió mayores libertades, creció profesionalmente y desempeñó nuevos roles sociales generando en muchos casos un matriarcado y provocando ciertas expectativas de igualdad en la relación de pareja que funcionan como inhibidores de la violencia familiar, afirman quienes estudian este hecho social. Sin embargo, y aunque siempre que se menciona la violencia familiar y se ubica a la mujer en el lugar de la víctima, también hay mujeres violentas. No hay números ciertos y estadísticos sobre la cantidad de mujeres u hombres que padecen la violencia doméstica, pero es más difícil- por razones culturales- que se denuncie la violencia de la mujer hacia el hombre. Cómo se expresa en la mujer, cuál es el rol de la sexualidad y cuál el riesgo para los hijos.



Si bien el modelo de expectativas igualitarias de pareja que, en general puede verse hoy, tiende a disminuir los comportamientos violentos, cada vez se conocen más casos de violencia doméstica, no porque necesariamente sean más, sino porque se conocen más a partir de la noción que cada miembro de la pareja tiene de sus derechos. Además, actualmente en la sociedad hay mayor apoyo, mayor información y también un mayor respaldo económico y jurídico para las víctimas.
“En general, las mujeres que padecen violencia familiar, provienen de hogares en los cuales no aprendieron modelos asertivos de comportamiento y expresan su disgusto, su insatisfacción y aún sus sentimientos de impotencia, con gritos, amenazas, arañazos, mordidas, arrojando objetos, golpes, etc. Suelen expresar la violencia conyugal frontalmente, físicamente o con discusiones interminables y también de un modo sutil, con críticas, ironía, desvalorización y comparando a su pareja con otros hombres. En este contexto, la sexualidad es una poderosa herramienta de violencia ya que permite actos vengativos sutiles, como negarle al varón los derechos sexuales y declararse siempre insatisfecha, para que el hombre se sienta como impotente. A veces la mujer es consciente del daño que provoca y otras no. En ocasiones es el único lenguaje de protesta que sabe usar, al no poder expresarse con la palabra de un modo concreto o con otras actitudes más constructivas y eficaces. Incluso, existen mujeres que solo son violentas con la pareja y cuando no logran su objetivo, utilizan a los hijos para controlar a la pareja o se vengan en los hijos por no poder conseguir de su pareja, lo que la misma les niega”, expresa la Dra. Beatriz Literat, médica sexóloga, del Departamento de Sexología y Disfunciones Sexuales de Halitus Instituto Médico.

Tratamiento, apoyo y el rol de la familia

Según la Dra. Literat, “Deberían existir sistemas y organizaciones, tanto a nivel público como privado, para rehabilitar a las mujeres que tienen conductas violentas y enseñarles conductas positivas que reemplacen a las otras, tan destructivas. En muchos países desarrollados existen a nivel público ‘programas de control de la ira’, que emplea la justicia para quienes cometen delitos de orden privado y público en este sentido. En nuestro país, solamente existen ‘centros de atención a la víctima’ y no se tiene en cuenta que una persona iracunda es también una víctima de sus propios impulsos, que no puede controlar”.
Por otra parte, explica la especialista, “la primera escuela de comportamiento es el hogar, por lo tanto desde pequeñas, las mujeres –y también los hombres- deberían ser enseñados con modelos de comportamiento y de resolución de problemas que sean pacíficos y efectivos, para que no introyecten y asuman que el único modo de hacerse escuchar o de conseguir algo es con el grito o el golpe. En el caso de una mujer y madre con características iracundas, la familia debería intervenir, porque los hijos, sobre todo, están aprendiendo a manejarse en la vida con el modelo violento pero generalmente, no intervienen porque ellos mismos -padres de la mujer, hermanos, etc.- también tienen un comportamiento similar y no saben qué otra forma de comportamiento existe. Además no hay donde tratarse en estos casos, presumiendo que la mujer quiera concurrir a consultar”.

Infidelidad y violencia

La infidelidad puede desencadenar violencia y la violencia puede provocar infidelidad cuando una persona busca afecto, contención y autoestima en la compañía de alguien que le brinde lo que su propio cónyuge no le da.
Pero ¿cómo definir infidelidad en estos tiempos? “Mi opinión es que no existe una definición contemporánea de fidelidad o infidelidad, es la misma de siempre, ya que la fidelidad no es un comportamiento solamente con el compañero sexual, sino una postura conductual en la vida, con amigos, padres, jefes, empleados, colegas, etc. Es concederle al otro una jerarquía determinada en su relación con uno y tener la honestidad de retirársela de frente, no a sus espaldas. Yo te deseo en mi vida y te asigno un rol  o yo ya no te quiero en ella y te lo digo para que lo sepas y se resignifique -o desaparezca- nuestro vínculo. Cuando hablamos de la desaparición de los valores, entre ellos la fidelidad, a mi juicio, esto no significa que la infidelidad sea un nuevo valor adquirido, sino que los seres humanos nos estamos volviendo flojos, cómodos y mentirosos”, dice la sexóloga.
Hablando de relación hombre-mujer, culturalmente la infidelidad estaba más difundida entre los varones, aunque es interesante ver que el hombre se manifiesta muy fiel con sus amigos y con su club de fútbol. Se dice que las mujeres no son tan leales con sus amigas porque se cuentan unas a las otras, los secretos de sus mejores amigas. Ahora las mujeres confiesan más sus aventuras sexuales y esto es un síntoma de la laxitud de los valores actuales.
Según Literat, “La insatisfacción de todo tipo, afectiva, sexual, de las conductas, impulsa a las parejas a la infidelidad. Una vez más es, como la ira, un recurso reparatorio cuando la persona se siente disconforme en su vínculo y no encuentra formas eficaces para resolver estas situaciones. Las incompatibilidades sexuales pueden tener un grado de influencia en una infidelidad pero siempre digo que es más fácil realizar una consulta sexológica que involucrarse en una infidelidad que, a la larga, tendrá repercusiones negativas en el vínculo de la pareja. El secreto, la mayor parte de las veces, no resiste y se descubre. Y el perdón es un concepto subjetivo, depende del que perdona, de la situación, de los atenuantes, etc. Creo que si existe por parte del que fue infiel, un verdadero reconocimiento del “delito”, sincero arrepentimiento y una renovación del compromiso con la pareja sobre bases realmente firmes, quien fue víctima de la infidelidad debería poder perdonar”. Pero, claro, siempre depende de cada pareja, de cada situación, de cada miembro de esa pareja, de las bases que sentó, de la fortaleza real del vínculo.
Además, sostiene la médica, “sería deseable que hubiese cambios en la sexualidad de una pareja luego de la infidelidad, sobre todo si la causa fue este aspecto del vínculo. No olvidemos que las disfunciones sexuales y la falta de satisfacción en la intimidad son tanto síntomas de conflictos que provienen de otros aspectos de la relación, como fuente de conflictos por sí mismas  y que afectarán otras áreas del vínculo; por lo tanto, la consulta sexológica en estos casos es de carácter preventivo y reparatorio”.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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