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Uno de los casos de primeros embriones congelados de la Argentina: los mellizos
Buenos Aires, Jueves, 25 agosto a las 11:00:00

Cuando a mediados de los años 80 las técnicas de reproducción asistida recién cobraban fuerza en nuestro país, el tratamiento con embriones congelados era una osadía para médicos y pacientes. Antonio y Néstor son mellizos. Nacieron el 25 de agosto de 1992, y fueron de los primeros embriones congelados del país. Sus papás tenían 34 años y desde 1985 sabían que Mónica padecía de una obstrucción tubaria que le impedía concebir naturalmente. Luego de dos años de tratamiento, llegaron los mellizos en el segundo intento. En aquel momento fueron noticia y hoy, en pleno auge de las discusiones sobre la ley de fertilidad, estos chicos cumplen 19 años de vida. Esta es su historia. De padres e hijos.





Ella quedó estéril a los 20 años por una operación: tenía dolor mientras estaba en la oficina y pasó dos días sin ir a trabajar. En el sanatorio, de urgencia decidieron operarla por apendicitis pero resultó ser un quiste de ovario. Años más tarde, cuando luego de casarse no queda embarazada en un tiempo, realiza la consulta y le informan que tiene las trompas obstruidas. Le realizan una hidrosalpingografía pero no pudieron destaparlas, luego decidieron realizarle una laparoscopia pero tampoco funcionó. Entonces, recurrieron a una operación convencional para destaparlas que terminó en la extirpación de ambas trompas y el médico le informó que su única opción era recurrir al in vitro. Pero las técnicas recién comenzaban en nuestro país.

“Después de que nos casamos decidimos tener hijos y al ver que no quedaba embarazada, consulto con mi obra social y me detectan trompas obstruidas, terminan operándome y sacándome las trompas. Cuando me enteré de que me tenían que sacar las trompas, llegué a casa y le dije ‘te doy el divorcio’. Y él me contestó ‘yo no me casé con vos para tener hijos’. Cuando llegué al consultorio del Dr Pasqualini tenía 32 años. Habíamos empezado a buscar como resolver el problema de nuestra necesidad de ser padres. Los tratamientos de fertilización recién empezaban en el país y eran muy costosos, así que fui intentando en distintos lugares. Hasta que una compañera de la oficina me dijo ¿por qué no venís a ver al Dr. Pasqualini que hace este tipo de tratamientos?”, relata Mónica Caminos, madre de los mellizos que hoy, 25 de agosto cumple 19 años.
Su marido, Miguel, recuerda “Hay que hablarlo mucho. Yo siempre lo charlé con ella y siempre le dije ‘yo te acompaño a cualquier lado, a donde sea siempre que partamos de la base de que el problema es de la pareja, ni de uno ni del otro’. Es difícil llegar todos los meses encontrar a tu mujer llorando”.

Pasqualini recuerda el caso: “Caminamos mucho juntos con Mónica y Miguel. 19 años de historia. Llevábamos tres años de Halitus cuando nos conocimos, era una época en la que iban apareciendo cosas que podían beneficiar a algunas parejas y nosotros estábamos atentos. En el caso particular de ellos, la criopreservación de embriones -que recién estaba en sus inicios- fue la herramienta, pero luego la aparición del ICSI sería igual de importante para otros casos. Nosotros aportamos los primeros embriones nacidos con embriones criopreservados del país. Y el tema de Mónica y Miguel era un tema que si bien era terminante y había que pasar a la fertilización in vitro porque había un problema mecánico de obstrucción, es decir, las trompas no estaban, tenía aristas positivas para pensar en el éxito: la edad- muy importante- y la buena respuesta ovárica de Mónica a la estimulación. Mónica producía buenos embriones y tanto es así que quedaban para criopreservar. Pero la criopreservación estaba en sus inicios, estábamos poniéndola a punto con pronóstico reservado, no manejábamos el 30% de éxito que manejamos hoy con embriones criopreservados. De todas formas, cuando las cosas se tienen que dar se dan, y se dieron por demás: no sólo uno sino dos hijos. Si bien es lo que uno trata de evitar desde las técnicas hoy, ellos como pareja estaban felices y eso era lo importante”.

Los intentos

En el primer intento lograron varios embriones y en el transcurso de las primeras cuarenta y ocho horas se realizó la transferencia pero no funcionó. Algunos embriones habían sido criopreservados pero también en el proceso de descongelamiento varios se iban perdiendo porque eran los primeros tiempos de la técnica. Luego le transfieren otros embriones en un tratamiento posterior, que también fracasa y deben que volver a hacer todos los pasos para obtener más embriones. En septiembre de 1991 hacen una nueva aspiración y el 12de septiembre de ese año se transfieren varios embriones que no prenden. En octubre de 1991 Mónica y Miguel deciden hacer el último intento, por decisión de Mónica. El 12 de diciembre le transfieren los últimos embriones que quedaban. Hasta entonces Miguel decía que él no estaba dispuesto a adoptar pero, en esa ocasión y ante la determinación de ella, le asegura que si no funciona ese tratamiento, van a hacerlo.

“Al haber un problema mecánico, no se podían juntar óvulos y espermatozoides de forma natural, por lo tanto, había que sacar los óvulos por punción de folículos y juntarlos en ese momento mediante fiv convencional en laboratorio – no existía el ICSI- Llegado el momento de la transferencia era necesario transferir una cantidad como para lograr el embarazo pero no llevar a embarazo múltiple. Y nos quedaban los embriones que no podíamos transferir justamente por eso, para ellos la única opción era criopreservarlos. Con el Dr. Carlos Quintans, nuestro biólogo, estábamos trabajando en eso y en el caso de Mónica y Miguel fueron criopreservados y otro intento se tuvo el éxito que no pudimos tener anteriormente. La técnica de criopreservación cambió mucho. No se sabía cómo iban a nacer esos chicos porque tampoco había mucha experiencia por eso. De hecho, ver la evolución a los largo de los años que es uno de los objetivos que tenemos en Halitus, por eso, incluso desde las redes sociales queremos convocar a todos los nacidos que tuvimos en Halitus para poder comparar científicamente a los nacidos por embarazos naturales y por técnicas de fertilización in Vitro. Y ver, como en el caso de Néstor y Antonio, que en la evolución en el tiempo son normales. En esa época las dudas eran muchas. Hoy en día uno puede asesorar mejor, esto es rutina y pasó a ser parte de un manejo diferente y los resultados no eran los que tenemos hoy. Esta es una época gloriosa, hoy tenemos seguridad y tranquilidad, todo creció muchísimo. Cuando uno mira para atrás y ve que hay nacidos de 19 o 20 años se asombra pero es muy bienvenido el paso del tiempo para lo que uno está haciendo el día de hoy”, admite el médico.

El 27 de diciembre - con 2 días de atraso- Mónica le pide la orden al Dr. Pasqualini para realizarse un test de embarazo. La subunidad Beta finalmente da 4500 y Pasqualini le confirma que está embarazadísima. El 10 de enero de 1992 realizan la primera ecografía en la que confirman que se escuchan 2 latidos. La segunda ecografía, en febrero, confirmó que eran mellizos. Feliz de que fueran dos –Mónica confiesa que siempre quiso mellizos- pasó todo el embarazo feliz, viendo crecer la panza. Pesaron 3kgs y medio cada uno y nacieron de 39 semanas, aunque durante el último mes Mónica debió hacer reposo.

Ella lo cuenta así: “Entre la criopreservación y la implantación pasaron solamente tres meses, del 12 de septiembre al 12 de diciembre. Yo supe que eran dos en la primera ecografía. Siempre estuve preparada. Tuve un embarazo excelente, el embarazo fue el mejor estado de mi vida. Engordé más de 40 kilos, los chicos eran muy grandes, pesaron tres kilos y medio cada uno. Yo comía mucho pero en ese momento era totalmente inconsciente”. Y Miguel agrega que ante la noticia de que eran dos “Para mí todo era bienvenido. Uno se siente feliz. Me acuerdo que ella tomaba leche con vainillas a las 4 de la mañana”.

El nacimiento y después

Por la posición de los bebés, debieron realizarle una cesárea. Antonio nació primero, y recibió ese nombre porque en la tradición italiana –la familia de Miguel lo es- el primero de los hijos se llama como el abuelo paterno. Y a los 3 minutos del nacimiento de Antonio, nació Néstor, quien como contrapartida recibió su nombre por el padre de Mónica, el abuelo materno.

Contarles la historia de su concepción fue algo natural. Cuando empezaron a preguntar sobre como nacían los bebés, ellos les explicaron que había varias formas, primero cómo nacían y después cómo se hacían. Desde chiquitos les explicaron que había papás y mamás que tenían problemas para concebir y le pedían ayuda al doctor. Para ellos siempre fue algo normal.
Mónica describe: “La familia y los amigos estaban al tanto. Porque trabajaba en una oficina y todos me decían ‘ah, te casaste, ¿cuánto hace? ¿y los chicos? Y los abuelos también preguntaban para cuando los nietos. Cuando nosotros empezamos con los tratamientos, empezamos a comentar. Todos nos acompañaron. A los chicos les fuimos contando porque ellos empezaron con la pregunta de cómo nacen los bebés. Y les explicamos que en realidad hay varias formas, les explicamos la forma natural y les explicamos la forma científica y que ellos fueron de la forma científica. A medida que preguntaban se les fueron explicando las cosas. Se habló siempre con toda naturalidad eso”.
Los chicos incluso recuerdan el hecho con naturalidad. Antonio dice “Siempre nos contaron ellos del tratamiento, del esfuerzo que hicieron, nos contaron desde chiquitos así que lo teníamos asumido de toda la vida. Te da intriga saber cómo fue el procedimiento, qué fue lo que hicieron tus padres, y te van contando de a poco a medida que podés entender. Con Néstor un poco en la manera de pensar nos parecemos, también tenemos algunos desacuerdos como cualquier hermano. Él tiende a ser más ordenado, yo no me ocupo mucho de eso”. Por su parte, Néstor da su versión: “Creo que a los 3 años más o menos nos contaron. Y vimos un par de notas del doctor que en las que lo contaba”.

Ellos quieren dejar un mensaje para todas esas personas en la búsqueda.
Mónica dice: “Que no bajen los brazos. Que intenten todo lo que puedan porque la sociedad te empieza a decir ¿por qué no adoptás?, y a mí me parece fantástica la adopción pero en mi caso mi instinto humano me decía que yo quería ser mamá yo, si agotados todos los medios no lo lográbamos, entonces iba a adoptar. Yo quería sentirlos en mi panza entonces no bajé los brazos y el doctor nos acompañó bárbaro y tuve el apoyo de mi esposo. Que pongan mucha fe en lo que están haciendo”.
Miguel por su parte apunta: “Una vez que fue el parto y me dieron a los chicos yo toqué el cielo con las manos. Para mí es una felicidad enorme, ¿qué más le podes pedir a la vida que tener tus hijos? Realmente tuvimos suerte de haber conocido al Dr. Pasqualini y nosotros estamos muy agradecidos, de por vida. Y como él dice siempre, ‘no soy yo, hay un equipo detrás de mí’, bueno uno tiene que ser agradecido en la vida y siempre se lo voy a agradecer. Gracias Doctor”.

Sobre la búsqueda de sus padres, ellos reflexionan: “Por ahora no lo pensé pero si llega el momento y no logro tener un hijo, no tengo dudas que haría todo”, sostiene Néstor. Antonio, por su parte, acota: “Uno piensa siempre que va a salir todo bien y que espera no tener el mismo problema que tuvieron ellos. Pero si uno lo tuviera, lo va a afrontar como lo hicieron ellos”.

Hoy los chicos juegan Handball, Néstor estudia arquitectura, Antonio estudia administración de empresas. Aprendieron a manejar. Siempre fueron buenos estudiantes. Miden 1,87 y 1,84. Y tienen un gran futuro por delante.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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