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Lactancia: alergias y leche de fórmula
Buenos Aires, Jueves, 02 agosto a las 11:00:00

La leche materna contiene la adecuada cantidad de grasas, azúcar, agua y proteínas necesarias para el crecimiento y el desarrollo saludable del bebé. Muchos de los ingredientes de la leche materna no pueden encontrarse en la leche de vaca. Además, la leche materna cuenta con un gran número de beneficios, los factores inmunes y bioactivos protegen al bebé de muchas infecciones y mejoran el desarrollo físico y emocional que le permitirán gozar de una vida más saludable. En algunos casos, la lactancia materna se ve dificultada por diversas razones. Qué sucede cuando se presenta alergia a la proteína de la leche vacuna o intolerancia  a la lactosa.





La lactancia materna es la forma ideal de aportar a los niños pequeños los nutrientes que necesitan para un crecimiento y desarrollo saludables. El amamantamiento también contribuye a que las mamás establezcan un fuerte vínculo con su bebé. El contacto físico es realmente importante para los bebés recién nacidos y puede ayudarlos a sentirse más seguros, cuidados y confortables. Prácticamente todas las mujeres pueden amamantar, siempre que dispongan de buena información y del apoyo de su familia y del sistema de atención de salud. La producción de leche, es desencadenada por el parto pero mantenida por la succión y especialmente por el vaciado del pecho, por lo que se podría prolongar indefinidamente, ajustando siempre la oferta a la demanda, ya que cuanta más frecuencia y completamente se vacíen los pechos, mayor será la cantidad de leche que producirán. La elaboración de leche materna depende de un sofisticado mecanismo fisiológico estimulado por influjos hormonales que actúan sobre las mamas durante el embarazo y después del parto. 
Ahora bien, los agentes que se encuentran dentro de la leche materna (llamados anticuerpos) contribuyen a proteger a los bebés y a los niños/as de las bacterias y los virus, y también ayudan a luchar contra las infecciones y contra las diferentes enfermedades. El hecho de que un bebé tome leche materna lo beneficiará en gran medida, ya que el mismo/a estará menos expuesto a infecciones respiratorias, infecciones del tracto urinario, infecciones de los oídos y septicemia.
El Dr. Boggio Marzet, pediatra gastroenterólogo del Hospital Pirovano, sostiene “En algunos estudios describen que el uso de la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento evidencia la disminución de infecciones y otros, relacio­nan su incremento con la demora de la lactancia materna. También han sido evaluadas en diversas publicaciones la cantidad de inmunoglobulinas, el aporte de células inmunita­rias vivas, la presencia de oligoelementos, prebióticos que indi­can que mientras se mantiene la lactancia materna exclusiva, la población de linfocitos permanece elevada con capacidad para defender al niño o niña. Sin embargo, esto no sucede con el uso de fórmu­las artificiales”.

Elementos a tener en cuenta al comparar la lactancia materna con fórmulas artificiales

  • A la mayoría de los bebés les es más fácil digerir la leche materna que la leche de fórmula.
  • La proporción de proteínas presentes en la leche materna es más baja que la que posee la leche de vaca; permitiendo que la misma sea más fácil de digerir.
  • La proteína presente en la misma es más nutritiva y digerible que la principal proteína contenida en la leche de vaca.
  • Por otro lado, la grasa presente en la leche materna se puede metabolizar con mucha más facilidad.
  • Además, los niños pueden absorber con mayor rapidez y facilidad los micronutrientes presentes en la leche materna, que los que se encuentran en la leche de vaca.

“Hoy existe una marcada competencia entre fórmulas artificiales-y una publicidad desmesurada que asegura su mejoría con el aporte de nutrientes, probióticos, ácidos grasos esenciales, ácidos nucleicos y otros nutrientes, que precisan ser evaluados. Por otro lado, aún se resta importancia a la alimentación de la madre durante el amamantamiento del niño o niña menor de seis meses y las posibles repercu­siones que tiene en la composición corporal de la madre, y en el niño en el funcionamiento de los diferentes tejidos como el sistema nervioso y sistema inmunitario vitales en la vida del ser humano”, describe el Dr. Boggio Marzet.


Alergia a proteínas de la leche vacuna

La alergia a la proteína de la leche de vaca es una alergia alimentaria, esto es, una reacción de hipersensibilidad iniciada por un mecanismo inmunitario específico ante la presencia de un antígeno alimentario. Alergia e intolerancia no es lo mismo.
Así lo explica el Dr. Boggio Marzet, pediatra gastroenterólogo del Hospital Pirovano: “Existen dos componentes principales en la leche de vaca: la lactosa y la proteína. La lactosa es un azúcar que al llegar al intestino es metabolizada por una enzima (lactasa) presente en la mucosa intestinal. La deficiencia de esta enzima hará que la lactosa se digiera parcialmente, llevando a una metabolización incompleta, con mayor producción de gases por parte de las bacterias intestinales y un efecto osmótico por presencia de este azúcar en la luz intestinal. Por lo tanto, no existe alergia sino intolerancia a la lactosa, la cual puede ser primaria -por deficiencia de lactasa congénita- o secundaria -por pérdida de la misma por un proceso de daño de la mucosa intestinal-. El término alergia define un mecanismo inmunológico mediado ya sea por IgE, por respuesta celular (activación de linfocitos T específicos de la mucosa intestinal) o mixto, desencadenado por la proteína de leche de vaca”.

En la leche humana, la concentración de la proteína de leche de vaca es muy baja comparada con la de formula, por lo cual las manifestaciones clínicas son leves o moderadas.

El Dr. Boggio refiere: “La incidencia mundial estimada ronda el 2 al 3 % de la población infantil y una prevalencia, estimada en base a aquellas formas que se deben a IgE, de aproximadamente el 5% en niños menores de 3 años. Se trata de un problema de salud relevante, no sólo por la cantidad de individuos potencialmente afectados, sino por las consecuencias clínicas, que van desde manifestaciones alérgicas cutáneas banales hasta anafilaxia y muerte. El uso de tests diagnósticos como el Prick Skin Test han revelado no ser completamente útiles dado que, si bien un test positivo indica que el cuadro se debe a una reacción mediada por IgE, no nos indica la etiología precisa del cuadro alérgico. Por ello, la primera medida a tomar es la dieta de exclusión proteica en la madre (en los casos de niños alimentados con pecho) y administrar una fórmula de reemplazo en los niños alimentados con fórmula para disminuir la pérdida de peso”.

El especialista describe que es indispensable un minucioso interrogatorio y la elaboración de una completa historia clínica, enfatizando en aspectos epidemiológicos familiares y personales, “ya que un alto porcentaje de pacientes con alergia a la proteína de la leche vacuna tiene historia de padre, madre o hermanos con antecedentes de hipersensibilidad. Las formulas infantiles de inicio, muchas veces dadas como complemento innecesario, pueden actuar como disparadores del mecanismo inmunológico en estos casos de alergia, por eso es importante interrogar acerca de la ingesta de las mismas y la cercana aparición de síntomas sugestivos de alergia. Además, en niños alimentados a pecho exclusivo, debe tenerse en cuenta la ingesta diaria por parte de la madre de proteína de leche de vaca, por último, la presencia de infecciones entéricas que puedan provocar daño en la barrera gastrointestinal que sumadas a la inmadurez de la misma pueden inducir fenómenos de sensibilización a la proteína de leche de vaca”.

Síntomas más frecuentes: gastrointestinales como cólicos, sangrado en heces, constipación y reflujo. También pueden aparecer dermatitis atópicas, vómitos y diarrea. En cuadros más severos: falta de mejoría, negación a alimentarse, sangre en heces con anemia asociada, enteropatía perdedora de proteínas.

La importancia de la alimentación del niño y de su madre

“Un niño amamantado exclusivamente puede sensibilizarse a la proteínas de la leche vacuna a través de la leche materna”, sostiene el médico.  La proteína de leche de vaca que ingiere la mamá puede inducir los síntomas, en niños susceptibles; por este motivo, ante la sospecha de alergia alimentaria se debe indicar a la mamá la dieta de exclusión. No se suspende la lactancia.
Y refiere: “En el caso de los niños alimentados con la lactancia materna -con o sin complemento de fórmulas-, es necesario eliminar la proteína de la leche de vaca en la dieta de la madre por 3 o 4 semanas. En el caso de los niños alimentados exclusivamente con fórmula, o en aquellos con cuadros clínicos más severos, hay que considerar reemplazar la fórmula de alimentación del paciente para disminuir la posibilidad de pérdida de peso y de los síntomas asociados. En este sentido, la elección de la fórmula de reemplazo es crítica, dado que se debe escoger una formulación que tenga la menor probabilidad de reacción alérgica cruzada con la proteína de la leche de vaca”. Y esto implica evitar todos los alimentos derivados de la leche, no debe restringirse la ingesta de carne de vaca en niños.

“Las leches de soja no son consideradas hipoalergénicas. No deben ser usadas en niños con sospecha de alergia alimentaria menores de 6 meses –ya que poseen altas concentraciones de fitatos, aluminio y fitoestrógenos-. En caso de ser recomendadas a partir de los seis meses -en alergia mediada por IgE exclusivamente- por el costo o por la aceptabilidad, deben ser probadas en un test clínico de tolerancia. Las fórmulas en base a soja no son útiles para la prevención de enfermedades alérgicas”, dice el médico pediatra.

El gastroenterólogo llama a prestar atención: “Una etiqueta puede mencionar ‘no es un producto lácteo’ pero esto no significa que no contenga proteínas de leche vacuna. Es necesario leer detenidamente las etiquetas de diferentes productos buscando términos que puedan asociarse a contenido de proteínas de leche vacuna como: aromatizantes, caldos deshidratados, grasas animales, caseína, aditivos espesantes (caseinatos), lactoalbúmina, fosfato de lactoalbúmina, lactoglobulina, lactosa, crema, suero lácteo, turrón, etc”.
De acuerdo con la edad del niño requiere consultar por la forma de reemplazar los productos lácteos teniendo en cuenta que el requerimiento de calcio en las diferentes etapas de la vida resulta muy difícil de cubrir adecuadamente si no se ingiere leche o sus derivados, agrega el pediatra.

Tratamiento

El tratamiento de la alergia a las proteínas de la leche vacuna es un desafío dado que debe tenerse en cuenta la edad del paciente al momento de definir la mejor opción terapéutica. Según Boggio, “La lactancia materna es seguramente la medida preventiva más divulgada y aceptada. Algunas medidas preventivas complementarias a la lactancia para pacientes en situación de riesgo son:

• Duración de la misma por más de 4-6 meses
• Restricción de alimentos potencialmente alergénicos en la dieta materna durante la lactancia
• Retraso en la incorporación de alimentos sólidos hasta por lo menos el 6º mes de vida
• Utilización de fórmulas con proteína parcialmente o extensamente hidrolizada en caso de requerir complemento o suplemento de la lactancia.
— Las fórmulas hidrolizadas parciales o extensamente hidrolizadas en pacientes con alto riesgo alérgico han mostrado poder disminuir la prevalencia de dermatitis alérgicas y enfermedades respiratorias a edades posteriores”.

Y para finalizar, el especialista hace hincapié en que “un estudio de seguimiento a 10 años en 56 niños con alergia a la leche vacuna mostró un riesgo de 3 a 4 veces de padecer dermatitis atópica o desarrollar enfermedad respiratoria, comparado con 204 niños control apareados por edad. La mitad de los niños con alergia a la proteínas de la leche vacuna desarrollaron alergia a otros alimentos y hasta un 28% presentaron alergia a inhalantes antes de los 3 años de edad”.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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