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La ingesta durante el embarazo: comer para dos
Buenos Aires, Jueves, 02 mayo a las 00:00:00

El embarazo es la oportunidad perfecta para implementar pautas de alimentación y estilo de vida saludable. Las mujeres se abren a nuevos consejos para colaborar con el normal desarrollo de su bebé. La consulta nutricional debería realizarse lo antes posible, en el primer trimestre, para ir adaptando la alimentación a los síntomas propios de cada etapa y luego progresar hacia la incorporación de todos los alimentos necesarios para aportar los nutrientes adecuados. Qué hay que saber.





El embarazo tiene necesidades nutricionales específicas tendientes a colaborar con el normal desarrollo del embarazo y es por eso que la consulta nutricional al comienzo de la gestación cobra relevancia. En términos de cantidad de calorías no son muchas más las que deben incorporarse a la dieta. Según la Lic. Lucía Molina, del departamento de Nutrición de Halitus Instituto Médico, “el requerimiento calórico extra se estima entre 100 y 300 kcal, según el momento del embarazo. Esto puede ser cubierto fácilmente con una colación pequeña o menos de un cuarto de ración de comida, por lo que no significa un cambio representativo en la dieta de la mujer. Lo que hay que prestar atención y hacer hincapié es en la composición y calidad de la alimentación. Podríamos decir que deberíamos cambiar el dicho “comer por dos” a “comer para dos”.

Comer para dos

Los nutrientes importantes a vigilar en la alimentación de una embarazada son principalmente: proteínas, ácidos grasos esenciales (omega 3 principalmente), vitamina B6 (o piridoxina), vitamina c, zinc; pero los más críticos son ácido fólico, calcio y hierro.

Hierro: La encuesta nacional de nutrición y salud de Argentina relevo que 1 de cada 3 embarazadas padecen anemia, por lo cual se considera la carencia nutricional más prevalente en el embarazo. La anemia puede producir bajo peso al nacer, parto prematuro, cansancio materno, afecciones del sistema nervioso del recién nacido. El importante incremento de la irrigación materna aumenta la demanda de hierro, sobre todo en la segunda mitad del embarazo. Además, hay que evaluar cual es la situación materna al inicio del embarazo ya que muy frecuentemente se observan casos de anemia en las mujeres en edad fértil.
“A medida que el embarazo avanza la anemia se hace más presente, por lo cual hay que ir ajustando y evaluando la alimentación de la mama con el correr de las semanas de gestación. Es necesario explicar a la mamá los diferentes hierros presentes en los alimentos: el hierro de tipo hem –carnes- y el hierro de tipo no hem -legumbres y vegetales- y sus interferencias y facilitadores de la absorción. Además de indicar cuáles son los alimentos fortificados que existen y también la forma correcta de tomar suplementos si es que fuesen indicados”, describe la nutricionista.

Sodio: La demanda corporal de sodio debido al aumento del líquido en el cuerpo de la mamá, además de las necesidades del bebé y la cantidad necesaria de líquido amniótico, hace que el aporte de sodio necesario sea de entre 2 y 3 gramos. Habitualmente se cubre con el sodio contenido naturalmente en aguas y alimentos y lo que se utiliza para condimentar las preparaciones. “La dieta de bajo contenido en sodio no es efectiva y no es la indicación en casos de embarazadas con hipertensión arterial. Se sugiere disminuir el aporte de alimentos salados como pickles, fiambres, snacks, pero no se realiza una dieta hiposódica estricta, ya que el sodio, aún en estas mujeres, sigue siendo importante para mantener todo el líquido circulatorio de la mamá y el líquido placentario”, dice Molina.

Calcio: Aproximadamente se acumulan con el correr del embarazo unos 30 gramos de calcio, la mayoría en el esqueleto del bebé y el resto en el esqueleto de la mamá para afrontar las necesidades de la lactancia. La principal adaptación para hacer frente a esta demanda es el aumento de la absorción del calcio a nivel intestinal. Molina explica: “Varios estudios sugieren que la ingesta de calcio debería ser la misma que en las mujeres no embarazadas -1000 mg en adultos 1300 mg en adolescentes- pero muchas veces esto no es alcanzado en la población en general. Los alimentos lácteos son la principal fuente de calcio en la dieta. Se debe estimular al consumo de 3 porciones por día de lácteos -1 vaso de leche, 1 pote de yogur o 1 porción de queso fresco- y sumarse una porción más en el tercer trimestre”.

Hidratos de carbono: Los hidratos de carbono son principalmente fuente de energía, tanto en la mujer no embarazada como en la embarazada. Muchos alimentos, casi todos, aportan hidratos de carbono, lo que varían es el tipo de hidrato de carbono. “Frutas, verduras, harinas, panes, galletitas, pastas, lácteos, todos esos alimentos son fuente de hidratos de carbono y deben ser incorporados en la alimentación de la embarazada. Sólo se realiza una selección puntillosa y se contabiliza en casos de diabetes gestacional”, sostiene la especialista.

Vitaminas: Según la nutricionista, “En realidad todas las vitaminas son importantes a ser incorporadas durante el embarazo. Pero es importante hacer especial hincapié en la incorporación de ácido fólico y de vitamina C. Los alimentos fuentes de acido fólico son los vegetales de color verde oscuro, jugo de naranja, legumbres, además en nuestro país toda la harina de trigo destinada a consumo humano se encuentra fortificada con ácido fólico. A esto debe sumarse el acido fólico indicado como suplemento. La deficiencia de acido fólico se asocia a complicaciones obstétricas sobre todo en los primeros meses de gestación, por lo cual es importante  incorporar buena cantidad de acido fólico en todos los años reproductivos de la mujer, y en los embarazos planificados recurrir a la suplementación farmacológica. La vitamina C se incorpora principalmente a través de los cítricos y colabora con la absorción del hierro”.

Líquido/agua: Durante el embarazo es importante que la cantidad de agua que se incorpore sea la adecuada. Existen numerosas alternativas a la hora de elegir fuente de agua, los jugos de frutas y las aguas saborizadas son una alternativa válida. “Deben evitarse las bebidas que aportan gran cantidad de cafeína: café, mate, gaseosas colas. Sin dudas la mejor alternativa es el agua. El estreñimiento es un problema habitual durante la gestación, pero la situación puede empeorar si la mujer embarazada no toma la suficiente cantidad de líquidos, que ayudan a prevenirlo. La retención de líquidos puede provocar la sensación de piernas cansadas e hinchadas, situación que se podrá evitar con la ingesta adecuada de agua. Beber agua a pequeños intervalos ayudará a prevenir la acidez creada por los jugos gástricos y las náuseas”, enumera la licenciada en nutrición. Y agrega: “Uno de los grandes beneficios del agua es que ayuda a evitar la deshidratación, ya que si ésta se produjese durante el embarazo podría ser peligrosa, causando dolores de cabeza, náuseas e incluso contracciones durante los últimos meses. Durante los meses de más calor debe incorporarse más cantidad de líquidos. Si las necesidades del embarazo son 10 vasos, durante el verano deberíamos aumentarlo a 12 o 14 vasos”.

Grasas/ácidos grasos: Molina afirma: “Se debe incluir en la alimentación materna buen aporte de ácidos grasos esenciales, de la familia omega 6 y omega 3. Estos ácidos grasos son necesarios para el buen funcionamiento útero placentario, para el desarrollo del sistema nervioso y la retina del bebé. Debe hacerse hincapié en el consumo de pescados -fuente principal de omega 3- idealmente 2 o 3 veces por semana. Otras fuentes de omega 3 son las semillas de lino y el aceite de canola. También hay algunos alimentos fortificados con omega 3 en el mercado -leches, galletitas, panes”.

Celiaquía: cuando las sustancias esenciales no se incorporan
Las personas celíacas no pueden consumir alimentos que contengan gluten: harinas de trigo, avena, cebada y centeno.
“Las necesidades nutricionales son cubiertas perfectamente en la dieta de la mujer que no incorpora estas harinas. La recomendación principal es que verifiquen los alimentos procesados, ya que hay muchos alimentos como lácteos, salsas precocidas, galletitas, embutidos, entre otros, que pueden contener cantidades muy pequeñas de gluten, principalmente por el uso de almidón como espesante en el procesamiento de alimentos. Hay organismos que publican de forma anual las marcas de alimentos procesados que no contienen gluten. En las mujeres celíacas cobra aún más importancia la suplementación farmacológica de ácido fólico en el período preconcepcional porque estas mujeres quedan fuera de la medida de salud pública de fortificación de las harinas de trigo con vitaminas y minerales, entre ellas ácido fólico”, concluye Molina.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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