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El tabaco afecta la salud de la piel
Buenos Aires, Jueves, 29 mayo a las 11:00:00

Fumar no solo trae complicaciones en el corazón y en la fertilidad sino que, entre tantas otras cosas, el tabaco es un factor importante en el envejecimiento de la piel.



Algunos estudios prueban que aquellas personas que fuman por más de 10 años pueden ser identificadas por distintas marcas en su rostro: la piel de los fumadores se torna amarillo grisácea de aspecto apergaminado, con arrugas perpendiculares en la región labial, ojos y mejillas. Cómo es esto y qué tratamientos existen para mejorar el aspecto de la piel.

El cigarrillo puede afectar seriamente el órgano más grande del cuerpo: la piel. La Dra. Claudia Sánchez, de Halitus Dermatología y Estética, explica que los mecanismos fisiopatológicos que explican los efectos nocivos del tabaco sobre la piel son 5:

  • Disminución de la oxigenación y trastornos vasculares
  • Formación de radicales libres
  • Alteraciones de la inmunidad
  • Trastornos en la inflamación
  • Trastornos de las hormonas sexuales

La médica explica que hay varios puntos a tener en cuenta.

“En el humo del tabaco existen sustancias cancerígenas como el benzopireno, que se forma durante la combustión del tabaco y tienen distintos efectos sobre los órganos y tejidos. La piel no está exenta ya que está expuesta directa e indirectamente a través del flujo sanguíneo. Al disminuir el flujo sanguíneo de la piel, llega menos oxígeno y nutrientes esenciales a ésta, lo que trae como consecuencia la deshidratación de la superficie cutánea, secando la piel. Además, con las sustancias del humo del tabaco se relaciona el riesgo de desarrollar enfermedades como el cáncer, afecciones cardiacas y enfermedades respiratorias. Pero también la piel sufre las consecuencias del tabaquismo, no solo con enfermedades graves sino también con aquellas que afectan su estética”.

“La nicotina es una de las principales sustancias presentes en la planta de tabaco y la principal responsable de la adicción a él. También la nicotina provoca vasoconstricción y por lo tanto reducción del flujo sanguíneo periférico, además de disminuir los estrógenos en las mujeres y la absorción de vitamina A, alterando el colágeno y la elastina y favoreciendo así la atrofia cutánea y la sequedad de la piel. Los fumadores pasivos también sufren el efecto”, dice.

Tres noticias: la cantidad sí importa, los malos hábitos se suman pero el efecto es reversible

Si bien muchos creen que la cantidad de cigarrillos diarios no incide sobre las consecuencias, la especialista explica que esto no es así: “el número de cigarrillos que la persona fuma diariamente, la intensidad, el tamaño y la frecuencia de las bocanadas, la edad a la que empezó a fumar y la cantidad de años durante los cuales se ha fumado son de suma importancia a la hora de evaluar los efectos del tabaquismo sobre el cuerpo. Y cuanto antes se deje el hábito, más rápido se recuperará la salud. Está demostrado que quienes dejan de fumar antes de los 35 años disminuyen el riesgo de sufrir una enfermedad relacionada en un 90%. Por otra parte, si la persona fumadora consume además alcohol, los efectos negativos sobre la piel se acentúan. Algo similar ocurre con el estrés. El estrés lleva a la formación de radicales libres, los cuales son sumamente reactivos y nocivos para los componentes celulares”.

Es sabido que el cigarrillo puede llevar al cáncer de pulmón pero pocos hablan de su relación con el cáncer de piel. “El hábito de fumar aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de piel que no es el melanoma -vinculado a la exposición solar sin protección-, más precisamente el llamado “carcinoma de células escamosas”. Este es un tipo de cáncer de piel que afecta a las células que se encuentran en la capa superior, llamada epidermis. Además, el humo del tabaco contacta directamente a nivel de la boca, laringe, faringe, esófago y pulmones, y es el agente implicado en el 90% de los carcinomas que se generan en dichos sitios”, aclara la Dra. Sánchez. Sobre la recuperación de la piel al dejar el cigarrillo, la Dra. Sánchez expresa: “los daños del tabaco son generalmente reversibles y la piel es el primer órgano que muestra los efectos positivos a las pocas horas de dejar de fumar, recuperando tersura e hidratación”. Y existen distintos tratamientos disponibles para recuperar la piel con estas características: “podemos devolverle la luminosidad a la piel con distintos tratamientos como: limpiezas faciales, peelings, utilizar cremas con estrógenos, ácido retinoico, ácido glicólico, plasma rico en plaquetas, Radiofrecuencia facial, resurfacting láser, administración de antioxidantes como vitaminas A,C y E y oligoelementos. Es importante evitar el sol y el alcohol”, aclara.

Los problemas cutáneos de un fumador

Las arrugas aumentan con la duración y el número de cigarrillos fumados, es por eso que las arrugas de los fumadores son distintas, más estrechas, profundas y con contornos bien marcados. La médica describe: “la piel del fumador se caracteriza por arrugas muy marcadas, líneas de expresión más profundas de lo habitual, aspecto demacrado, manchas cutáneas púrpuras, piel de color grisáceo y piel deshidratada. Pero, además, suelen presentar alteraciones en la cicatrización de las heridas, coloración amarillenta – parduzca de las uñas, que se debilitan, están más frágiles y pierden brillo, pérdida de luminosidad del cabello. Y son más propensos a padecer psoriasis, neoplasias cutáno–mucosas, como el carcinoma espinocelular o el melanoma, liquen plano, eccemas impetiginizados, dermatitis atópicas, urticaria, síndrome de Favre-Racouchot”.

El Síndrome de Favre –Racouchot o Elastosis actínica y envejecimiento cutáneo, son los cambios en el color y textura de la piel, inducidos por el efecto acumulativo de las radiaciones ultravioleta. El tabaco ejercería un papel importante en el origen de este síndrome, siendo más frecuente entre los fumadores. “Se caracteriza por la aparición de profundas arrugas y formación de grandes comedones -no se trata de una afección mortal- y la piel muestran un tono amarillento pajizo”, comenta la Dra. Sánchez.

Las más afectadas: las mujeres

Las mujeres son de piel más delicada que los hombres, por esa razón, notan antes los perjuicios del tabaco sobre su piel. “Existe un efecto antiestrogénico comprobado en las fumadoras. El tabaco produce una disminución en la secreción de estrógenos y aumento de la excreción, provocando entonces hipoestrogenismo-baja cantidad de estrógenos-. Esa reducción de estrógenos es muy visible, por ejemplo, cuando se produce el climaterio, sugiriendo que esa disminución hormonal no solo provoca envejecimiento de la piel sino que además acelera el fotodaño; el efecto antiestrogénico del tabaco no hace más que acelerar el proceso y aumentar el deterioro cutáneo”, refiere la especialista.

Para concluir diciendo: “Todo aquel que deje de fumar notará la diferencia pero, además, cuenta con los tratamientos que tenemos a disposición para, más allá de los beneficios evidentes que obtendrá para su salud, desde lo estético nosotros -evaluando cada caso- podemos trazar un plan de recuperación de tersura, hidratación, brillo y luminosidad de la piel”.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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