Contáctenos  


home :: Notas :: La mesa como lugar de encuentro: la importancia de comer en familia

La mesa como lugar de encuentro: la importancia de comer en familia
Buenos Aires, Jueves, 11 diciembre a las 14:15:07

Si bien el ritmo de vida y las obligaciones laborales han llevado a que el encuentro familiar sea más dificultoso, la reunión y el compartir alrededor de la mesa no ha perdido vigencia, padres e hijos valoran esas reuniones. ¿Cuál es la importancia de compartir y qué se comparte?


“En la adolescencia el cuerpo cambia, los referentes adultos también, su relación con los otros se modifica, así como su visión de la sociedad. Su identidad –definida como imagen y sentimiento- se afirma. Desde lo intelectual, existencia, pertenencia y actitud corporal se afianzan; desde el sentimiento, hay una experiencia interior de reconocimiento de sí mismo que se modifica con el devenir. El investimiento positivo de la representación de sí se alude con el término autoestima”, comienza su explicación la especialista.
“El adolescente confronta con sus padres, confrontación que implica un reconocimiento mutuo de las diferencias, que instala un campo de malestar, con componentes agresivos y de ternura. Inmadurez adolescente que no requiere otra cura que el paso del tiempo. Momentos donde es necesario el sostén de la familia, amigos y sociedad. Los padres tienen que afrontar el convertirse en objetos inadecuados. Con el devenir del este proceso y un buen apuntalamiento de la familia, de los pares y de la sociedad en general, el adolescente puede apropiarse de la fuerza vital que aporta el ejercicio de la hostilidad, como base de sentimiento que aportan confianza y seguridad, y le permite el desprendimiento de la familia y el ejercicio de la autonomía”, explica la Dra. Diana Pasqualini, médica pediatra dedicada a la atención de adolescentes desde 1979.
El momento familiar de encuentro puede variar según costumbres, cultura y situación económica. En nuestro país, a veces es en el momento del mate, otras en salidas madre-hija haciendo compras, en ocasiones padres e hijos generan ese encuentro en la cancha. Pero el más valorado es alrededor de la mesa familiar, en el momento de la cena y, a veces, los fines de semana. En esos momentos es importante el diálogo para conocerse y establecer el vínculo.
La cultura contemporánea ha modificado de tal forma la lógica del tiempo cotidiano en función del trabajo y de la productividad que ha debilitado la referencia simbólica de la mesa. Ésta ha quedado reservada para los domingos o para los momentos especiales, de fiesta o de aniversario, cuando los familiares y amigos se encuentran. Pero, por regla general, ha dejado de ser el punto de convergencia permanente de la familia.
“La mesa familiar ha sido sustituida lamentablemente por el fast food, comida rápida que sólo hace posible la nutrición, pero no la comensalidad. Yo solía dar charlas sobre trastornos alimentarios y comencé a estudiar la historia de la anorexia y de la bulimia, y a partir de allí, eso me llevó a estudiar la historia de la comensalidad.  Comensalidad significa comer y beber juntos alrededor de la misma mesa. Ésta es una de las referencias más ancestrales de la familiaridad humana, pues en ella se hacen y se rehacen continuamente las relaciones que sostienen la familia. La mesa es el lugar privilegiado de la familia, de la comunión y de la hermandad. En ella se comparte el alimento y con él se comunica la alegría de encontrarse, el bienestar. Aparece como un espacio para dialogar, como una oportunidad de los padres de transmitir valores, costumbres y normas a sus hijos. Un estudio que realizamos, reveló que el lugar más frecuente en el que se encuentran y dialogan los hijos y sus padres es en la cena. Refieren tanto adultos como adolescentes que los temas más frecuentes son sobre los aspectos cotidianos, la escuela y el trabajo. Algunos además hablan de lo que piensan y de lo que sienten, pero no todos. Y también hay comentarios sobre los amigos, las salidas y los proyectos de futuro”, refiere la Dra. Pasqualini, directora de dos programas de actualización sobre abordaje integral del adolescente, uno dictado desde la Facultad de Medicina Virtual, UBA, el otro presencial en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.
Diálogo alrededor de la mesa

Pero en la mesa no sólo surgen coincidencias, muchas veces puede ser lugar de diferencias generacionales, discusiones familiares o de pareja. Esto debe ser tomado también como algo positivo. Explica la especialista: “La mesa no tiene por qué ser siempre un espacio de placer, las discusiones forman parte de la vida cotidiana y eso también es una forma de enseñar a los hijos. Las discusiones con respeto y sin violencia, pueden sumar. También se sabe que cuando la familia tiene diálogo, este es un buen sostén y la salud del niño o adolescente se conserva mejor, por eso se cree que compartir estos momentos funciona un poco como prevención de adicciones, de trastornos alimentarios. El diálogo es fundamental. A veces el dialogo es difícil por la confrontación propia de este momento de la vida en que los chicos ya no sienten que sus padres son las personas idealizadas de la infancia, prefieren estar solos o con sus amigos y buscan nuevos referentes entre los adultos. Es frecuente que traten de imitar a un deportista o a un cantante u a otra figura con la que se identifican Y también que un día piensen una cosa y otro día otra. No les suele gustar oír consejos ni que constantemente le pregunten que hace, que piensa, que siente. Necesitan de momentos de intimidad”.
Debe reconocerse entonces que la mesa es también lugar de tensiones y de conflictos familiares, donde las cosas se discuten abiertamente, se explicitan las diferencias y pueden establecerse acuerdos, donde existen también silencios perturbadores que revelan todo un malestar colectivo. También es importante tener en cuenta que hay familias con diferentes problemas que llevan a que el encuentro sea dificultoso. “En algunas el televisor interfiere en el dialogo pero hay quienes piensan que sirve de disparador para charlar. A veces el teléfono suena todo el tiempo. En algunas casas cada uno come solo en su cuarto, frente al televisor, el teléfono o la computadora. Algo importante a tener en cuenta es que los padres tienen que ser conscientes que no pueden diseñarle el mundo al adolescente. Hay padres que piensan que los hijos deben escucharlos pero no dan valor a la opinión del adolescente. Y también hay padres devaluados por no poder ejercer el rol de proveedores. Y a veces la falta de coincidencia de horarios, la violencia y la carencia alimentaria impiden el encuentro”, dice la médica.
Beneficios de una mesa familiar
Según la Dra. Pasqualini, “El beneficio radica en conocerse, saber lo que cada uno piensa, hablar de alegrías y tristezas, enriquecerse con las diferentes opiniones, aprender de las cosas lindas que le pasa al otro y superar las frustraciones. A enfrentar el mundo, conocer los riesgos, hacer proyectos de futuro. Promueven estos encuentros el desarrollo de la autoestima del adolescente, su autonomía y su aprendizaje. En general, las interacciones entre el adolescente y su familia conllevan muchos beneficios psicológicos y sociales para él. Los jóvenes que se relacionan satisfactoriamente y de forma frecuente con su familia son menos propensos a tener problemas de drogas, trastornos depresivos o desórdenes alimenticios”.

La familia es fuente de afecto, sostén y sentimiento de pertenencia. Su función primordial es actuar como modelo identificatorio positivo, a través de la escucha y el dialogo y planeando actividades acordes con dichos fines.

Los padres cumplen un rol significativo en brindar y mantener el bienestar del adolescente. Y el bienestar tiene que ver con la salud mental.

“Y a modo de conclusión, sobre la mesa familiar, esta no ha perdido vigencia como situación de encuentro sino que, en general, es un lugar valorizado especialmente la cena y los fines de semana. Allí se habla de los temas cotidianos, el trabajo, el estudio, las dificultades económicas, los proyectos, los conflictos y las disidencias. Los obstáculos que dificultan el encuentro son la falta de comida y la diferencia de horarios de los integrantes. Otro elemento importante, obstaculizador del encuentro es la violencia en los vínculos familiares. Hay algunos adolescentes que manifiestan disfrutar de sus momentos de soledad, y esto es lógico teniendo en cuenta que a esa edad están formando su propia identidad. La necesidad de espacios en familia forma parte indispensable del sostén que los adolescentes necesitan para su independencia. La posibilidad de que los médicos podamos indagar sobre encuentros familiares nos da información para evaluar los vínculos en el hogar y nos permite intervenir sobre las circunstancias de vida familiar del adolescente”, concluye la doctora y deja algunas recomendaciones:

  • Promover el diálogo familiar. Encuentros en el hogar y salidas juntos. 
  • Fomentar el vínculo con pares y el interés en las actividades escolares. 
  • Discutir límites, el respeto a adultos y pares, evitar presiones negativas. 
  • Dialogar sobre proyectos futuros. 
  • Respetar la privacidad del adolescente.

Es importante recordar que los chicos se sienten conectados cuando:

  • hay comida en casa. 
  • se comparte una comida. 
  • los padres saben con quién sale. 
  • los padres no se olvidan de eventos especiales. 
  • existe diálogo sobre aspectos cotidianos y la sexualidad y le preguntan cómo le ha ido en el examen. 
  • los padres imponen normas en cuanto al sueño, la alimentación, la recreación, el trabajo sin ser autoritarios ni laissez faire. 
  • los padres consultan precozmente ante situaciones de riesgo.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
Versión Imprimible  Versión Imprimible