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Los trastornos alimentarios en los jóvenes y los riesgos para su fertilidad
Buenos Aires, Jueves, 23 junio a las 11:00:00

Los trastornos de la alimentación son enfermedades psicológicas y médicas que pueden afectar negativamente la salud reproductiva. Según datos de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA) publicados en 2010 si bien estas enfermedades tienen mayor incidencia en la adolescencia, la edad de comienzo es cada vez más temprana y en los últimos años se triplicaron los casos de estos trastornos entre los hombres jóvenes. Estudios internacionales de Mervat Nasser también dados a conocer por Aluba revelaron que Argentina es el país que presenta más problemas en materia de trastornos de alimentación según el relevamiento de más de 100 mil casos y se calcula que entre los adolescentes los desórdenes alimentarios crecieron un 50% en los últimos 10 años. Las consecuencias para el sistema reproductivo.    





Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades crónicas y progresivas que, si bien se manifiestan a través de la conducta alimentaria, consisten en una gama muy compleja de síntomas entre los que prevalece:

  • una alteración o distorsión de la auto-imagen corporal
  • un gran temor a subir de peso
  • la adquisición de una serie de valores a través de una imagen corporal

Las causas son múltiples y variadas. Pueden surgir como consecuencia del modo de vida, de los modelos estéticos predominantes, de problemas psicológicos o de autoestima, o de considerar a la delgadez como una forma de vida.
“La denominación trastornos alimenticios o alimentarios se refiere a aquellos trastornos psicológicos que derivan en anomalías graves en el comportamiento de la ingesta de alimento, es decir que la explicación de estos trastornos se encuentra en una alteración psicológica.
Se entiende entonces que el síntoma externo podría ser una alteración de la conducta alimenticia -dietas prolongadas, pérdida de peso, actividad física intensa- pero el origen de estos trastornos debería explicarse a partir de una alteración psicológica basada en insatisfacción personal, miedo a madurar, elevados índices de autoexigencia, ideas distorsionadas sobre el peso o la comida, etc. La bulimia y la anorexia nerviosa se presentan con mayor frecuencia pero existe una amplia gama de trastornos muy variados que en líneas generales los denominamos trastornos no específicos de la conducta alimentaria”, sostiene la Lic. Lucía Molina, del Departamento de Nutrición de Halitus Instituto Médico.

Alimentación y fertilidad

El estudio de relevamiento de Mervat Nasser dado a conocer por ALUBA difundió que en nuestro país 1 de cada 100 mujeres padece de anorexia y en la adolescencia una de cada 10 sufre de anorexia o bulimia. Esto no sólo repercutiría sobre la salud general y el peso, sino también tendría consecuencia para la fertilidad.
“Hay varios estudios de prevalencia de trastornos en la alimentación en pacientes que atraviesan tratamientos de fertilidad. El problema es que es difícil la comparación dado que según los criterios diagnósticos utilizados pueden variar mucho los resultados. Por citar algunos estudios podemos mencionar que la prevalencia de trastornos en la alimentación en pacientes infértiles es hasta cinco veces mayor que en la población en general. Otros mencionan que entre pacientes que cursan con amenorrea u oligoamenorrea, el 58% se condicen con criterios de trastornos alimentarios pasados o actuales”, expresa la nutricionista.
Y continúa: “Es muy importante para nosotros los médicos especialistas en fertilidad saber si las pacientes están restringiendo la ingesta o padecen de un trastorno de la alimentación que puede estar afectando su fertilidad. No saberlo puede demorar la elección de un tratamiento correcto por falta de diagnóstico o puede llevarnos a diagnosticar, como sucede en más de la mitad de los casos, una esterilidad sin causa aparente cuando en realidad, de poseer la información, podríamos estar actuando en consecuencia y tal vez acercarnos más rápidamente a lograr un tratamiento exitoso. Por eso hemos incorporado una encuesta de hábitos nutricionales que consiste en un cuestionario sencillo y finaliza con una autoevaluación que divide a grandes rasgos entre pacientes que requieren o no una intervención nutricional”, agrega el Dr. Sergio Pasqualini, Director de Halitus Instituto Médico.

También es importante destacar que el sistema reproductivo es muy sensible al estrés fisiológico que pueden implicar los trastornos alimentarios. Una vez recuperado el peso ideal, la amenorrea puede persistir en algunos casos porque no siempre es suficiente para que el cuerpo recupere todas sus funciones reproductivas normalmente, pero en general, cuando las personas dejan de restringir la ingesta de calorías y aumentan de peso hasta el ideal, las menstruaciones se normalizan y hasta pueden llegar a lograr un embarazo espontáneo. “Cerca del 40% de los problemas de fertilidad femeninos de mujeres que han padecido desórdenes alimentarios se dividen en amenorrea, oligomenorrea y anovulación relacionados con desórdenes hormonales, irregularidades menstruales y dificultades emocionales. Los periodos menstruales a menudo cesan luego de la disminución del 10 al 15% del peso corporal normal. Esto requiere que todo el equipo en forma multidisciplinaria accione para resolver cada uno de estos niveles. Es por esto que nosotros siempre coordinamos con todo nuestro equipo multidisciplinario el tratamiento de este tipo de pacientes. Es importante el rol de la nutricionista, de la psicóloga, de nuestro equipo relacionado al programa mente cuerpo y de todos aquellos involucrados para lograr que mujer llegue al momento de la búsqueda bien preparada”, concluye el médico.

Información: una aliada fundamental

“En estudios de prevalencia de este trastorno, se encontró que cerca del 60% de las pacientes que tenían algún trastorno de la alimentación se encontraban en tratamiento por infertilidad sin causa aparente. Y en estudios anteriores se ha demostrado que una vez restablecida la ingesta calórica y alcanzado un índice de masa corporal adecuado, las menstruaciones se normalizaban y podían incluso alcanzar un embarazo de forma natural. Es importante destacar el hecho que la gran mayoría de las pacientes que padecen o padecieron algún trastorno de la conducta alimentaria no lo refieren al especialista en fertilidad que las atiende, y esto sucede porque desconocen la relación que pueden tener estos trastornos con su fertilidad. Por eso consideramos importante que la evaluación nutricional de la pareja infértil se realice casi en simultáneo a la primera consulta de fertilidad, para actuar si es necesario. El riesgo de bajo peso al nacer es dos veces más elevado en hijos de madres que padecieron algún trastorno en la alimentación antes del embarazo” dice la experta en nutrición.
Es importante saber:

  • El sobrepeso y la obesidad inciden en los ciclos menstruales y en muchos casos provocan irregularidades.
  • El exceso de masa corporal puede afectar la secreción de gonadotrofinas, aumentar la cantidad de andrógenos y provocar insulinoresistencia.
  • Las mujeres con sobrepeso u obesidad muchas veces requieren más estimulación con gonadotrofinas o dosis mayores.

La Lic. Molina agrega: “El índice de masa corporal es una medida que se tiene en cuenta en la consulta. También hay que evaluar el porcentaje de grasa corporal, el peso habitual de la paciente con respecto al peso actual, un auto registro de ingesta puede también ser una herramienta útil en estos casos”.
En el caso de mujeres que buscan embarazo, la nutricionista explica: “Hay que tener cuidado con estas mujeres para no afectarlas emocionalmente, evitando dar órdenes y más bien aconsejar, de a uno por vez, asegurando en primera instancia la ingesta de nutrientes esenciales en cantidades adecuadas e ir progresando lentamente a una alimentación completa y variada”.

Trastornos alimentarios y embarazo

Si el trastorno se presenta durante el embarazo puede afectar no sólo la salud de la mujer sino también la del bebé por nacer porque puede causar bajo peso al nacer, abortos y defectos de nacimiento.
Molina continúa: “A pesar de los riesgos que esta situación conlleva, no existen guías clínicas establecidas, normas de pesquisa ni de manejo de los trastornos alimentarios durante el embarazo. En caso de sospechar o comprobar un trastorno de la alimentación durante el tratamiento o durante el embarazo es necesario trabajar en conjunto con otros profesionales de la salud, poner en alerta al especialista en fertilidad u obstetra y proponer un sostén psicológico si es que no existe”.
La licenciada describe: “Dentro de la amplia gama de trastornos alimentarios que encontramos en la actualidad está la pregorexia (derivado de “pregnancy” y “anorexia”). Aparece cuando la mujer intenta bajar de peso o mantenerse delgada durante todo el período de gestación. Esta obsesión por la ingesta y la figura implica una ingesta de alimentos por debajo de los niveles calóricos y nutricionales recomendados para el embarazo. Su consecuencia es la malnutrición con descenso de peso o no llevar el aumento de peso estipulado durante el embarazo, con todas las consecuencias que implica en la salud materno y fetal”.
A veces, la actividad física intensa puede ser una forma de compensar el exceso de peso que visualiza la paciente, “hay que ser muy cuidadosos porque quizá desde lo nutricional incorporan todo lo necesario pero tienen un gasto calórico excesivo que no permite la acumulación de grasa corporal que en una cantidad limitada es importante para mantener un buen balance hormonal”, agrega la especialista.

La presión hacia la delgadez ha influido históricamente en las mujeres, pero en los últimos años los estudios muestran una tendencia creciente de esta presión entre el sexo masculino. “Si bien la prevalencia global de trastornos de la conducta alimentaria en los hombres es, según los estudios reportados, aproximadamente 10 veces menor que en las mujeres, en los últimos años la aparición de trastornos de la conducta alimentaria en los hombres ha aumentado. Y si bien no hay estudios que evidencien alteraciones en la fertilidad en hombres con trastornos de la conducta alimentaria, se sabe que deficiencias nutricionales específicas y el bajo peso corporal pueden afectar la producción espermática y así comprometer la fertilidad masculina”.

Nutrigenómica

El estudio de la influencia de los nutrientes y de otros factores ambientales sobre la expresión de los genes es algo de lo cual se ha estado hablando mucho en el último tiempo, esto se conoce como nutrigenómica. La Lic. Molina lo explica así: “Se basa en que algunos componentes de la dieta pueden alterar la expresión o la estructura de los genes, pudiendo llegar a ser un factor de riesgo para ciertas enfermedades crónicas.  La idea es que el estado de salud y enfermedad del individuo depende del equilibrio que exista entre sus características genéticas y el ambiente, y los nutrientes son uno de los componentes más importantes del medio ambiente. Cada uno de estos factores, genéticos y ambientales, varían ampliamente entre individuos: por un lado cada persona tiene características genéticas que lo diferencian de las demás y por el otro, la ingesta de determinados nutrientes siempre dependerá de su disponibilidad y de que sean consumidos. Las observaciones anteriores deben considerarse al estudiar la relación que hay entre el estado nutricional y el riesgo de padecer una enfermedad”.
En los últimos 150 años, además de las variaciones en la alimentación también han ocurrido cambios en el estilo de vida y existe una exposición a sustancias tóxicas que influyen en el metabolismo. Molina dice: “Debe tenerse en cuenta que el metabolismo es controlado genéticamente, lo que favorece la aparición de enfermedades que involucran componentes genéticos y nutricionales como cáncer, diabetes y obesidad entre otros. Por lo tanto, es muy probable que la aparición de las patologías señaladas responda más a los cambios en la alimentación y en el estilo de vida que a modificaciones en el genotipo de la población. La explicación brindada por los investigadores es que los estilos de vida del padre-por ejemplo- pueden afectar al desarrollo de sus espermatozoides y a la composición del líquido seminal. La comida rica en grasa eleva la temperatura testicular y, además, daña las células germinales masculinas. Los estudios apuntan a que los factores dietarios que más se relacionan con la alteración de la expresión o la estructura de los genes son calcio, zinc, selenio, folatos, etc. En el mismo ámbito, se esta estudiando cuál es la base genética de las diferentes respuestas individuales al mismo estímulo nutricional”.

Fuente: Sentirypensar.com.ar



 
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